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lunes, febrero 28, 2011

¿Salir o no del closet bipolar? ¡Allí está el dilema!

Esto es algo que se ha debatido bastante, pero no lo suficiente. Cada quien debe llegar a su propia conclusión, especialmente porque es algo que nos afecta personalmente.

Cuando hace cinco años empecé un proyecto importante en mi vida anticipé que la condición bipolar podría interferir en el camino hacia el éxito. Así que se lo conté a la persona que debía orientarme. Ella al principio pensó que era demasiada información, que a lo mejor no necesitaba saber. Pero para mí era importante ser transparente desde el inicio y así estar conscientes de los riesgos.

Estas últimas semanas, cuando se supone debería haber terminado mi proyecto resulta que, en efecto, el trastorno bipolar me ha dificultado avanzar al ritmo esperado de una “persona normal”. Sobre todo con los cambios extremos de clima en el hemisferio Norte, cada invierno mi productividad decrece, según la fuerza de la depresión estacional o cíclica. Pero también en el verano, tanta luz no me deja dormir bien, y ello se refleja en pobre concentración, necesaria para llevar adelante mis tareas.

Así que ahora me vi en el dilema de revelar mi condición a las personas que pueden autorizar una extensión del plazo. Hoy, finalmente, lo hice. Es más, me fue requerido para poder considerar si merezco o no tal “privilegio”.

La verdad es que aquí en los EE.UU. son bastante cuidadosos con lo de la privacidad de los records médicos, pero cuando se llega a ciertas circunstancias pues no queda más que ceder. Así como puede ser que me tengan alguna consideración, también puede ser que más bien me den por caso perdido…

Por otro lado, si alguno de nosotros fuera empleador, ¿nos animaríamos a contratar a alguien con severos e “inexplicables” cambios de ánimo? ¿A alguien con dificultades para ser productivo o que puede tomar decisiones equivocadas –ya sea por exceso de entusiasmo o por falta de interés? No lo sé, depende del trabajo que deba realizar y las responsabilidades que se le asignen. De plano que no lo pondría a manejar dinero. ¿Es injusto? No lo sé, habría que reflexionarlo más.

En general, creo que no conviene salir por el mundo diciendo ¡Soy Bipolar y qué? Los prejuicios contra las personas que padecen alguna enfermedad mental sigue siendo algo común en la sociedad, en parte por la falta de información, y pueden perjudicarnos. Claro que los seres queridos, los más cercanos deben saberlo, pero no siempre conviene que los compañeros de trabajo lo sepan.

Esto da para más debate, pero les dejo con la inquietud. ¿Qué harían ustedes?


Por cierto, muy agradecido por todos los mensajes de solidaridad y comprensión que me dejaron al comentar el POST anterior. Los aprecio mucho.