En los EE.UU. es impresionante la cantidad de recursos que existen para ayudar a las personas con padecimientos mentales. Hay varios grupos que organizan actividades educativas, de terapia, atención inmediata (en caso de urgencias), y hasta políticas (para concientizar a la población y a los políticos).
He contado varias veces sobre los materiales que recibo de NAMI y DBSA. Ahora les comparto sobre una actividad a la que asistí esta semana. Se llama "In Our Own Voice". Es un panel en el cual un par de personas cuentan su experiencia personal con la enfermedad y se proyecta un breve documental donde hay otros testimonios.
El esquema que siguen es el siguiente: se presentan, cuentan qué enfermedad o condición padecen, los problemas que han tenido como consecuencia de la misma, el proceso de aceptación, el tratamiento que han llevado, su recuperación (incluyendo logros) y los sueños que tienen para el futuro. Lo mismo en el video.
La verdad, esperaba algo más profundo. Me pareció un tanto superficial. Critiqué el simplismo con que presentan la fase del tratamiento, como que si fuera algo muy automático: "¡Me tomo el medicamento y ya me controlo!". Lo cual sabemos que no es así. Por el contrario, es un largo y difícil proceso de ensayo y error, no sólo por el tema de la eficacia del medicamento, sino por los efectos secundarios no deseados.
Al final un par de personas se me acercaron por mi intervención. Una para preguntarme cómo me ha ido sin los medicamentos. Le conte que no he tenido mayores sobresaltos hacia arriba o hacia abajo, aunque no he resuelto el problema del sueño, y soy vulnerable a "mini-depresiones". La otra me dijo que tuviera cuidado y que estuviera siempre alerta a los signos que avisan sobre alguna recaída. Como comentario, la mamá de un muchacho bipolar dijo que ciertamente es difícil lo de encontrar el medicamento adecuado.
Bueno, fue una buena experiencia aunque deprime ver a gente que se ha quedado sola por la misma enfermedad. Pero asumo que eso tiene que ver con la cultura norteamericana (individualismo-independencia). Por cierto, hoy escuché en la radio que muchas de las personas sin casa en los EE.UU. son personas con algún padecimiento mental. Lo mismo se observa en las prisiones. ¡Preocupante!
Bitacora al servicio de todas aquellas personas que oscilan entre los extremos de la alegria y la tristeza
Mostrando las entradas con la etiqueta grupos de ayuda. Mostrar todas las entradas
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jueves, octubre 15, 2009
lunes, junio 16, 2008
Compañeros de camino
La semana pasada viajé para asistir a una conferencia profesional. Una de esas donde llega gente de todo el mundo. En la misma tuve la oportunidad de compartir con un profesor canadiense. Muy simpático.
Un día desayunamos juntos y me contó que tenía que llamar a su hijo de 12 años. El niño no se siente seguro cuando su papá está fuera de casa. Me contó que una sobrina suya le hacía compañía al niño. Por un momento pensé que había perdido a su esposa, la madre del niño. Pero no. Me contó que su esposa padecía de depresión.
Le pregunté si era depresión unipolar o trastorno bipolar. Me dijo que era lo segundo. Entonces yo le conté que soy bipolar II. Y empezamos a platicar por una hora más sobre su vida como esposo de una mujer bipolar.
Me contó que su esposa era muy guapa e inteligente. Cuando se conocieron, lo que le atrajo de ella fue su personalidad alegre y decidida. Sin embargo, cuando dio a luz padeció de severa depresión postparto. Ese fue el detonante de su enfermedad.
Ella también es bipolar II, así que padece más el lado depresivo de la enfermedad. Me contó mi nuevo amigo que se preocupa mucho por su hijo, pues le afecta ver a su mamá en ese estado. Tiende a copiar algunos comportamientos, como cuando su mamá se queda en casa y no puede ir al trabajo, el niño a veces le dice que no quiere ir a la escuela. También le da miedo quedarse solo con la madre.
La señora ha aumentado de peso debido a los medicamentos y a un régimen alimenticio que mi amigo denomina "comida de consuelo" porque es lo que uno come cuando está triste: cosas que engordan. Esto también afecta al hijo. Pero la preocupación mayor no es el peso, que afecta la salud física, sino el posible deterioro de la salud mental de su esposa.
También me contó que han tratado con diversas alternativas, como acupuntura. Él, por su lado, ha asistido a grupos de personas que tienen seres queridos con trastorno bipolar. Se ve que es un hombre con un gran corazón, pero me confesó que a veces se siente agotado. Que necesita su propio espacio para respirar y no sentirse agobiado por la salud de su esposa. Luego regresa a retomar sus responsabilidades como padre y como esposo.
Ahora piensan en mudarse a la ciudad, pues viven en un pueblo pequeño, para estar más cerca de los familiares y acudir a ellos más fácilmente en caso de emergencia.
Me pareció conmovedor escuchar a un hombre de unos 45-50 años contar su historia personal como esposo de una mujer con trastorno bipolar. Entiendo que no le ha sido fácil, pero sigue en la lucha. Por lo menos, como le dije, sabe cuál es el problema. Otros prefieren ignorarlo, escapan de él, o peor aún, no tienen ni idea de lo que está pasando en sus vidas.
Un día desayunamos juntos y me contó que tenía que llamar a su hijo de 12 años. El niño no se siente seguro cuando su papá está fuera de casa. Me contó que una sobrina suya le hacía compañía al niño. Por un momento pensé que había perdido a su esposa, la madre del niño. Pero no. Me contó que su esposa padecía de depresión.
Le pregunté si era depresión unipolar o trastorno bipolar. Me dijo que era lo segundo. Entonces yo le conté que soy bipolar II. Y empezamos a platicar por una hora más sobre su vida como esposo de una mujer bipolar.
Me contó que su esposa era muy guapa e inteligente. Cuando se conocieron, lo que le atrajo de ella fue su personalidad alegre y decidida. Sin embargo, cuando dio a luz padeció de severa depresión postparto. Ese fue el detonante de su enfermedad.
Ella también es bipolar II, así que padece más el lado depresivo de la enfermedad. Me contó mi nuevo amigo que se preocupa mucho por su hijo, pues le afecta ver a su mamá en ese estado. Tiende a copiar algunos comportamientos, como cuando su mamá se queda en casa y no puede ir al trabajo, el niño a veces le dice que no quiere ir a la escuela. También le da miedo quedarse solo con la madre.
La señora ha aumentado de peso debido a los medicamentos y a un régimen alimenticio que mi amigo denomina "comida de consuelo" porque es lo que uno come cuando está triste: cosas que engordan. Esto también afecta al hijo. Pero la preocupación mayor no es el peso, que afecta la salud física, sino el posible deterioro de la salud mental de su esposa.
También me contó que han tratado con diversas alternativas, como acupuntura. Él, por su lado, ha asistido a grupos de personas que tienen seres queridos con trastorno bipolar. Se ve que es un hombre con un gran corazón, pero me confesó que a veces se siente agotado. Que necesita su propio espacio para respirar y no sentirse agobiado por la salud de su esposa. Luego regresa a retomar sus responsabilidades como padre y como esposo.
Ahora piensan en mudarse a la ciudad, pues viven en un pueblo pequeño, para estar más cerca de los familiares y acudir a ellos más fácilmente en caso de emergencia.
Me pareció conmovedor escuchar a un hombre de unos 45-50 años contar su historia personal como esposo de una mujer con trastorno bipolar. Entiendo que no le ha sido fácil, pero sigue en la lucha. Por lo menos, como le dije, sabe cuál es el problema. Otros prefieren ignorarlo, escapan de él, o peor aún, no tienen ni idea de lo que está pasando en sus vidas.
lunes, abril 28, 2008
Nueva Esperanza para personas con Trastorno Bipolar
El fin de semana tuve la oportunidad de asistir a un día de conferencias sobre "Trastornos del ánimo: tratamiento y recuperación a lo largo de la vida". El mismo fue organizado por DBSA, Depression and Bipolar Support Alliance, de Chicago.
Entre otros conferencistas se presentaron el Dr. Bernard Golden y la Sra. Nancy Rosenfeld quienes, junto con el Dr. Jan Fawcett, escribieron el libro titulado "New Hope for people with Bipolar Disorder".

Yo todavía no he terminado de leerlo, pero me parece bastante amigable. Conforme lo haga, ire compartiendo algunos hallazgos con los lectores de este BLOG. Lo que sí les puedo decir es que la primera edición vendió 100 mil copias en los EEUU. No sé si ya está disponible en castellano.
Luego les cuento más sobre las conferencias.
Entre otros conferencistas se presentaron el Dr. Bernard Golden y la Sra. Nancy Rosenfeld quienes, junto con el Dr. Jan Fawcett, escribieron el libro titulado "New Hope for people with Bipolar Disorder".

Yo todavía no he terminado de leerlo, pero me parece bastante amigable. Conforme lo haga, ire compartiendo algunos hallazgos con los lectores de este BLOG. Lo que sí les puedo decir es que la primera edición vendió 100 mil copias en los EEUU. No sé si ya está disponible en castellano.
Luego les cuento más sobre las conferencias.
viernes, julio 06, 2007
Grupo Bipolar en los Estados Unidos
Ayer fue mi primera experiencia de grupo en los EEUU. Se trata de uno organizado por la Depression and Bipolar Support Alliance. Llegan entre 20 y 25 personas el primer y tercer jueves de cada mes. La mayoría de las mismas son bipolares, aunque también había algunos unipolares (sólo depresión). Desde el punto de vista étnico, la mayoría son personas blancas, pero también había afro-americanos, asiáticos y latinos.
Dado el tamaño del grupo, hay un moderador que se encarga de dar la palabra, controlar el tiempo, y dar la bienvenida a las nuevas personas. La reunión se realiza en el aula de un hospital universitario. Tienen galletas y bebidas para todos, literatura disponible en fotocopias y hasta subsidian el costo del estacionamiento. Siempre es de 6:30 a 8:00 p.m.
La convivencia me pareció muy interesante porque cada uno expresa libremente lo que piensa para aconsejar a los demás sobre temas muy delicados. La agenda es muy flexible. Alguien propone un tema para discusión, pero cada uno puede lanzar una pregunta al resto y entorno a ella se desarrolla la conversación.
Para variar, yo empecé el diálogo preguntando sobre un producto natural que encontré en el supermercado y que promete ayudar a controlar los cambios de ánimo. No lo conocían, pero todos estuvieron de acuerdo en que el aceite de pescado, omega-3, es muy bueno. Alguien dijo que desde que lo toma no ha tenido depresión, y otro dijo que le ayuda a dormir mejor.
Se trató también el tema de los efectos secundarios del litio, como el temblor de manos. Luego se pasó a temas más serios, como la decisión de ser o no ser padres. Aquí es donde hubo opiniones que me sorprendieron. Talvez por mi cultura, pero con toda convicción la mayoría hablaba sobre la posibilidad de adoptar.
Hubo incluso momentos tensos, porque el moderador compartió su decisión pasada de dejar su carrera como abogado por ser muy estresante. Un latino dijo que no concebía esa decisión porque él es abogado y viniendo de una familia pobre no podría darse ese lujo. Entonces el primero se molestó.
Al final de la sesión, el latino me contó que esas tensiones son comunes, pues como en todo grupo surgen dinámicas por el poder. Además algunos piensan que ya lo saben todo y quieren dar consejos a todos los demás…
Lo que me gustó es la organización y el contenido de la conversación. Podemos aprender mucho sobre esta experiencia para el grupo en Guatemala. También podemos evitar sus errores. Luego les seguiré contando cómo me va en la segunda reunión.
Dado el tamaño del grupo, hay un moderador que se encarga de dar la palabra, controlar el tiempo, y dar la bienvenida a las nuevas personas. La reunión se realiza en el aula de un hospital universitario. Tienen galletas y bebidas para todos, literatura disponible en fotocopias y hasta subsidian el costo del estacionamiento. Siempre es de 6:30 a 8:00 p.m.
La convivencia me pareció muy interesante porque cada uno expresa libremente lo que piensa para aconsejar a los demás sobre temas muy delicados. La agenda es muy flexible. Alguien propone un tema para discusión, pero cada uno puede lanzar una pregunta al resto y entorno a ella se desarrolla la conversación.
Para variar, yo empecé el diálogo preguntando sobre un producto natural que encontré en el supermercado y que promete ayudar a controlar los cambios de ánimo. No lo conocían, pero todos estuvieron de acuerdo en que el aceite de pescado, omega-3, es muy bueno. Alguien dijo que desde que lo toma no ha tenido depresión, y otro dijo que le ayuda a dormir mejor.
Se trató también el tema de los efectos secundarios del litio, como el temblor de manos. Luego se pasó a temas más serios, como la decisión de ser o no ser padres. Aquí es donde hubo opiniones que me sorprendieron. Talvez por mi cultura, pero con toda convicción la mayoría hablaba sobre la posibilidad de adoptar.
Hubo incluso momentos tensos, porque el moderador compartió su decisión pasada de dejar su carrera como abogado por ser muy estresante. Un latino dijo que no concebía esa decisión porque él es abogado y viniendo de una familia pobre no podría darse ese lujo. Entonces el primero se molestó.
Al final de la sesión, el latino me contó que esas tensiones son comunes, pues como en todo grupo surgen dinámicas por el poder. Además algunos piensan que ya lo saben todo y quieren dar consejos a todos los demás…
Lo que me gustó es la organización y el contenido de la conversación. Podemos aprender mucho sobre esta experiencia para el grupo en Guatemala. También podemos evitar sus errores. Luego les seguiré contando cómo me va en la segunda reunión.
lunes, julio 02, 2007
Como las gallinas
En el jardín de mi casa, cuando yo era niño, mis padres tenían un gallinero... Pero nunca ví que la gallinas mostraran expresión alguna de felicidad o tristeza. Probablemente, sólo el gallo. Esos estados de ánimo sí los ví en las caras de los "pollitos en fuga", pero porque eran gallinas humanizadas.
Mi analogía del trastorno bipolar con las gallinas tiene que ver con el ciclo del sueño. Los pollos y las gallinas se duermen cuando oscurece y se despiertan cuando sale el sol. No importa la hora. Por eso es que en las granjas productoras de huevos les ponen luz artificial, para que crean que es de día y sigan poniendo huevos. Algo así como lo que le hacen a la gente que trabaja en las maquilas...
Ahora estoy en el Hemisferio Norte y en época de verano. El sol sale muy temprano, como a las 5:50 a.m. y se mete muy tarde, como a las 8:30 p.m. Así que tenemos más de doce horas de luz solar...
Eso me pone loco. Mi cerebro, como el de las gallinas, ya no sabe lo que es día y noche según los horarios de países cercanos al ecuador. Mi mente se llena de ideas para trabajar, para hablar, para planificar... Así que me estoy durmiendo como a la media noche, cuando ya no hay luz solar y la gente alrededor se empieza a calmar.
Estoy tomando mi medicamento, pero este cambio de horario, más el estrés de una nueva vida en otra ciudad, no me están ayudando. Me cuesta despertar, lógicamente, y es hasta las 10:00 a.m. que recupero el control sobre mi cuerpo.
Bueno, espero adaptarme porque quedan dos meses de verano. También espero que en el invierno no me pase lo opuesto, es decir que lo nublado del día no me provoque depresión. Ya veremos.
Mi analogía del trastorno bipolar con las gallinas tiene que ver con el ciclo del sueño. Los pollos y las gallinas se duermen cuando oscurece y se despiertan cuando sale el sol. No importa la hora. Por eso es que en las granjas productoras de huevos les ponen luz artificial, para que crean que es de día y sigan poniendo huevos. Algo así como lo que le hacen a la gente que trabaja en las maquilas...
Ahora estoy en el Hemisferio Norte y en época de verano. El sol sale muy temprano, como a las 5:50 a.m. y se mete muy tarde, como a las 8:30 p.m. Así que tenemos más de doce horas de luz solar...
Eso me pone loco. Mi cerebro, como el de las gallinas, ya no sabe lo que es día y noche según los horarios de países cercanos al ecuador. Mi mente se llena de ideas para trabajar, para hablar, para planificar... Así que me estoy durmiendo como a la media noche, cuando ya no hay luz solar y la gente alrededor se empieza a calmar.
Estoy tomando mi medicamento, pero este cambio de horario, más el estrés de una nueva vida en otra ciudad, no me están ayudando. Me cuesta despertar, lógicamente, y es hasta las 10:00 a.m. que recupero el control sobre mi cuerpo.
Bueno, espero adaptarme porque quedan dos meses de verano. También espero que en el invierno no me pase lo opuesto, es decir que lo nublado del día no me provoque depresión. Ya veremos.
lunes, junio 18, 2007
La enfermedad de los genios
Por Paula Halperin
La Nación (Argentina, 21 ene 07)
¿Qué tuvieron en común Edgar Allan Poe, Miguel Angel, Virginia Wolf, Piotr Tchaikovsky, Cary Grant y Vincent Van Gogh? Su talento, es cierto. Sin embargo, cada uno de estos genios sufría una alteración que obraba como disparador de su creatividad, y quizá nunca lo supieron: el trastorno bipolar, más conocido como enfermedad maníaco-depresiva. Se dice que el famoso cuadro de Edvard Munch, El grito, podría haber estado inspirado en una de las cíclicas crisis del atormentado pintor.

Si se habla de bipolaridad lo más frecuente es pensar en una persona deprimida que no sale de la cama y que, en su etapa maníaca, compra autos de manera compulsiva. Y algo de ello hay, pero esta enfermedad tiene muchos más matices –y no siempre negativos– por descubrir.
Se trata de un problema del sistema nervioso que afecta las sustancias especializadas del cerebro (neurotransmisores) reguladoras del estado de ánimo. Quienes lo sufren pasan alternativamente de la euforia a la depresión, proceso que puede ocurrir en cuestión de horas, días, semanas, meses o años.
¿Cómo se desencadena?, ¿es sólo una deficiencia neuroquímica?, ¿un factor genético?, ¿o tiene que ver con el contexto familiar?
“Es una cadena de acontecimientos –explica el doctor Alejandro Lagomarsino, creador de la Fundación de Bipolares Argentina (Fubipa) y presidente honorario del Capítulo de Psicofarmacología de la Asociación de Psiquiatras Argentinos–. Hay predisposición genética, pero los genes que predisponen se activan en situaciones de estrés.” En ese punto está de acuerdo el doctor Marcelo Cetkovich-Bakmas, responsable de la Unidad de Trastornos del Animo del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco): “Los factores estresantes, como las pérdidas, afectan la capacidad de autorreparación del cerebro, la lentifican”.
Entre ciclos
“El carácter ciclotímico es una variante normal del humor: todos tenemos días malos y días buenos”, aclara Cetkovich-Bakmas, que es, además, jefe del Departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
Pero las cosas cambian cuando esos ciclos se hacen más marcados. Si una persona tiene etapas de tristeza, se encierra en sí misma, tiene trastornos del apetito y el sueño, seguramente está deprimida. Pero si luego mejora notablemente, se acelera, está contenta, exaltada, quizás irritable, comienza a entusiasmarse por un trabajo o un nuevo amor, y en los casos más graves delira, seguramente está transitando una etapa de euforia.
Hasta hace sólo 20 años se conocía muy poco sobre esta enfermedad. “Pero ahora hemos descubierto que hay muchas más personas de lo que se creía con este problema”, dice Cetkovich-Bakmas. En este sentido, se sabe que afecta a cerca del 2% de la población (y no al 1%, como se suponía), que es más frecuente entre las mujeres y aparece en la adolescencia o en los primeros años de la adultez.
¿Es posible afirmar en la primera consulta que alguien es bipolar? Según los especialistas, no es tan sencillo: puede tardarse hasta 10 años en dar un diagnóstico certero. “A los enfermos bipolares se los confunde con esquizofrénicos, depresivos unipolares, ansiosos... Y se los somete a tratamientos que no ayudan. A veces, los empeoran”, dice Cetkovich-Bakmas.
En su etapa eufórica, las personas difícilmente piden ayuda: no pueden reconocer que algo malo les pasa porque se sienten bien.
Por eso recomiendan la primera entrevista cuando la familia las encuentra deprimidas. “Si se sienten mal, es más fácil ayudarlas”, aclara Lagomarsino.
Hay tres pilares terapéuticos: la medicación, la psicoterapia y la psicoeducación. “Los bipolares sufren un deterioro cognitivo que si no se trata puede ser mayor, ya que la depresión es muy tóxica para el cerebro, así que recomendamos tratarlos lo antes posible”, agrega Cetkovich-Bakmas, al tiempo que señala que la medicación tiene como objetivo, básicamente, mantener bajo control las alteraciones del ánimo. El carbonato de litio se usa hace 50 años y sigue siendo aun hoy el más recetado.
La psicoterapia es otra herramienta esencial. Ayuda a cambiar aspectos de la vida y a mantener el tratamiento. “El problema es que la mayoría de ellos sienten que cuando están estabilizados pierden creatividad. Es que, en su etapa de euforia, experimentan una sensación ‘primaveral’, intensa, que no perciben cuando toman la medicación –explica Lagomarsino–. Pero dejar los remedios puede empeorar las cosas. Hay evidencia de que, si se interrumpe el tratamiento, puede haber una recaída y, luego, al volver a utilizar el litio, el cuerpo ya no responde”.
La psicoeducación es el tercer elemento: permite que la persona esté informada, que sepa lo que le va a ocurrir. “Son métodos que ayudan al paciente a convertirse en actor de su propio tratamiento”, piensa Cetkovich-Bakmas. Por eso los grupos de autoayuda son útiles para pacientes y familiares. Son organizaciones de ayuda mutua, gratuitas, coordinadas por un enfermo recuperado o un pariente. “Nadie va a entender mejor que ellos mismos lo que les está ocurriendo –reflexiona Lagomarsino–. Es alguien que pasó por lo mismo y pudo superarlo. Se lo dice un par, no un médico que lo señala con el dedo.”
Una luz en el infierno
"… el trastorno bipolar es una condición humana fascinante y la vez trágica... Mientras la mayoría de los pacientes bipolares psicóticos no son líderes ni creadores, constituyen el reservorio de los genes que, en una forma diluida, podrían ser las semillas de la genialidad” (Hagop S. Akiskal en: Akiskal, Cetkovich-Bakmas, García Bonetto, Strejilevich y Vázquez: Trastornos bipolares. Conceptos clínicos, neurobiológicos y terapéuticos. Panamericana, Buenos Aires, 2006). Gente exitosa, políticos, artistas reconocidos, músicos, actores... Hay una característica particular que suele ser bastante común entre los bipolares: “Es reconocido que estas personas son más creativas y capaces”, afirma Lagomarsino.
Eduardo Greco, psicoanalista, dice en su libro La bipolaridad como don: “Al perderse los bordes, las restricciones y hasta las inhibiciones, el maníaco hace crecer la fuerza de todas sus funciones, rendimientos y actividades.” Se dice que Schumann llegó a escribir alrededor de 40 sinfonías en un año. Según Eduardo Greco, la oscilación emocional va acompañada de una serie de talentos que, al no ser desarrollados, se convierten en afección.
Los síntomas
Etapa maníaca: euforia con excesivo optimismo, alegría y vitalidad. Marcada disminución del sueño. Aumento del interés sexual, a veces con conductas inapropiadas. Alto nivel de energía y actividad, locuacidad excesiva. Extrema irritabilidad, inquietud, agresividad. Desmesurada valoración de sí mismo (grandiosidad). Cambios emocionales rápidos e imprevisibles. Conductas riesgosas sin tener en cuenta las consecuencias. Gastos excesivos.
Etapa depresiva: sentimientos exagerados o inapropiados, de tristeza, desesperanza, ansiedad, desgano y/o pesimismo. Pérdida de energía y motivación. Apetito disminuido o exagerado. Sueño disminuido o exagerado. Pérdida de interés o placer en las actividades usuales. Perturbaciones en la concentración y la memoria. Ideas recurrentes de muerte, de suicidio.
Grupos de autoayuda
En Argentina
Iglesia de Santa María (Fubipa) Avda. La Plata 286 (y Rosario). Reuniones, el 1er. sábado de cada mes, a las 10, y el 3er. lunes, a las 19.30.
Parroquia San Martín de Tours. San Martín de Tours 2939. Reuniones: el 2° sábado de cada mes, a las 10, y el 4° jueves, a las 19. 30.
En Costa Rica
Asociación Costarricense para Trastornos Anímicos Recurrentes, ACOTAR.
Dirección: de la Corte Suprema de Justicia, 40 metros al sur, San José.
Teléfono: (506) 233-7869.
En Guatemala
Grupo de Jóvenes con Trastorno Bipolar
Más información en la Asociación Psiquiátrica de Guatemala (APsG).
Dirección: Avenida de la Reforma, 1-90 de la Zona 9, oficina 201. Ciudad de Guatemala.
Teléfonos: (502) 2331-5376 y 2331-5395.
Para saber más:
Fundación de bipolares argentina: www.fubipa.org.ar
Fundación mundo bipolar : www.mundobipolar.org
Instituto nacional de sicopatologia: www.inapsi.com.ar
La Nación (Argentina, 21 ene 07)
¿Qué tuvieron en común Edgar Allan Poe, Miguel Angel, Virginia Wolf, Piotr Tchaikovsky, Cary Grant y Vincent Van Gogh? Su talento, es cierto. Sin embargo, cada uno de estos genios sufría una alteración que obraba como disparador de su creatividad, y quizá nunca lo supieron: el trastorno bipolar, más conocido como enfermedad maníaco-depresiva. Se dice que el famoso cuadro de Edvard Munch, El grito, podría haber estado inspirado en una de las cíclicas crisis del atormentado pintor.

Si se habla de bipolaridad lo más frecuente es pensar en una persona deprimida que no sale de la cama y que, en su etapa maníaca, compra autos de manera compulsiva. Y algo de ello hay, pero esta enfermedad tiene muchos más matices –y no siempre negativos– por descubrir.
Se trata de un problema del sistema nervioso que afecta las sustancias especializadas del cerebro (neurotransmisores) reguladoras del estado de ánimo. Quienes lo sufren pasan alternativamente de la euforia a la depresión, proceso que puede ocurrir en cuestión de horas, días, semanas, meses o años.
¿Cómo se desencadena?, ¿es sólo una deficiencia neuroquímica?, ¿un factor genético?, ¿o tiene que ver con el contexto familiar?
“Es una cadena de acontecimientos –explica el doctor Alejandro Lagomarsino, creador de la Fundación de Bipolares Argentina (Fubipa) y presidente honorario del Capítulo de Psicofarmacología de la Asociación de Psiquiatras Argentinos–. Hay predisposición genética, pero los genes que predisponen se activan en situaciones de estrés.” En ese punto está de acuerdo el doctor Marcelo Cetkovich-Bakmas, responsable de la Unidad de Trastornos del Animo del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco): “Los factores estresantes, como las pérdidas, afectan la capacidad de autorreparación del cerebro, la lentifican”.
Entre ciclos
“El carácter ciclotímico es una variante normal del humor: todos tenemos días malos y días buenos”, aclara Cetkovich-Bakmas, que es, además, jefe del Departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
Pero las cosas cambian cuando esos ciclos se hacen más marcados. Si una persona tiene etapas de tristeza, se encierra en sí misma, tiene trastornos del apetito y el sueño, seguramente está deprimida. Pero si luego mejora notablemente, se acelera, está contenta, exaltada, quizás irritable, comienza a entusiasmarse por un trabajo o un nuevo amor, y en los casos más graves delira, seguramente está transitando una etapa de euforia.
Hasta hace sólo 20 años se conocía muy poco sobre esta enfermedad. “Pero ahora hemos descubierto que hay muchas más personas de lo que se creía con este problema”, dice Cetkovich-Bakmas. En este sentido, se sabe que afecta a cerca del 2% de la población (y no al 1%, como se suponía), que es más frecuente entre las mujeres y aparece en la adolescencia o en los primeros años de la adultez.
¿Es posible afirmar en la primera consulta que alguien es bipolar? Según los especialistas, no es tan sencillo: puede tardarse hasta 10 años en dar un diagnóstico certero. “A los enfermos bipolares se los confunde con esquizofrénicos, depresivos unipolares, ansiosos... Y se los somete a tratamientos que no ayudan. A veces, los empeoran”, dice Cetkovich-Bakmas.
En su etapa eufórica, las personas difícilmente piden ayuda: no pueden reconocer que algo malo les pasa porque se sienten bien.
Por eso recomiendan la primera entrevista cuando la familia las encuentra deprimidas. “Si se sienten mal, es más fácil ayudarlas”, aclara Lagomarsino.
Hay tres pilares terapéuticos: la medicación, la psicoterapia y la psicoeducación. “Los bipolares sufren un deterioro cognitivo que si no se trata puede ser mayor, ya que la depresión es muy tóxica para el cerebro, así que recomendamos tratarlos lo antes posible”, agrega Cetkovich-Bakmas, al tiempo que señala que la medicación tiene como objetivo, básicamente, mantener bajo control las alteraciones del ánimo. El carbonato de litio se usa hace 50 años y sigue siendo aun hoy el más recetado.
La psicoterapia es otra herramienta esencial. Ayuda a cambiar aspectos de la vida y a mantener el tratamiento. “El problema es que la mayoría de ellos sienten que cuando están estabilizados pierden creatividad. Es que, en su etapa de euforia, experimentan una sensación ‘primaveral’, intensa, que no perciben cuando toman la medicación –explica Lagomarsino–. Pero dejar los remedios puede empeorar las cosas. Hay evidencia de que, si se interrumpe el tratamiento, puede haber una recaída y, luego, al volver a utilizar el litio, el cuerpo ya no responde”.
La psicoeducación es el tercer elemento: permite que la persona esté informada, que sepa lo que le va a ocurrir. “Son métodos que ayudan al paciente a convertirse en actor de su propio tratamiento”, piensa Cetkovich-Bakmas. Por eso los grupos de autoayuda son útiles para pacientes y familiares. Son organizaciones de ayuda mutua, gratuitas, coordinadas por un enfermo recuperado o un pariente. “Nadie va a entender mejor que ellos mismos lo que les está ocurriendo –reflexiona Lagomarsino–. Es alguien que pasó por lo mismo y pudo superarlo. Se lo dice un par, no un médico que lo señala con el dedo.”
Una luz en el infierno
"… el trastorno bipolar es una condición humana fascinante y la vez trágica... Mientras la mayoría de los pacientes bipolares psicóticos no son líderes ni creadores, constituyen el reservorio de los genes que, en una forma diluida, podrían ser las semillas de la genialidad” (Hagop S. Akiskal en: Akiskal, Cetkovich-Bakmas, García Bonetto, Strejilevich y Vázquez: Trastornos bipolares. Conceptos clínicos, neurobiológicos y terapéuticos. Panamericana, Buenos Aires, 2006). Gente exitosa, políticos, artistas reconocidos, músicos, actores... Hay una característica particular que suele ser bastante común entre los bipolares: “Es reconocido que estas personas son más creativas y capaces”, afirma Lagomarsino.
Eduardo Greco, psicoanalista, dice en su libro La bipolaridad como don: “Al perderse los bordes, las restricciones y hasta las inhibiciones, el maníaco hace crecer la fuerza de todas sus funciones, rendimientos y actividades.” Se dice que Schumann llegó a escribir alrededor de 40 sinfonías en un año. Según Eduardo Greco, la oscilación emocional va acompañada de una serie de talentos que, al no ser desarrollados, se convierten en afección.
Los síntomas
Etapa maníaca: euforia con excesivo optimismo, alegría y vitalidad. Marcada disminución del sueño. Aumento del interés sexual, a veces con conductas inapropiadas. Alto nivel de energía y actividad, locuacidad excesiva. Extrema irritabilidad, inquietud, agresividad. Desmesurada valoración de sí mismo (grandiosidad). Cambios emocionales rápidos e imprevisibles. Conductas riesgosas sin tener en cuenta las consecuencias. Gastos excesivos.
Etapa depresiva: sentimientos exagerados o inapropiados, de tristeza, desesperanza, ansiedad, desgano y/o pesimismo. Pérdida de energía y motivación. Apetito disminuido o exagerado. Sueño disminuido o exagerado. Pérdida de interés o placer en las actividades usuales. Perturbaciones en la concentración y la memoria. Ideas recurrentes de muerte, de suicidio.
Grupos de autoayuda
En Argentina
Iglesia de Santa María (Fubipa) Avda. La Plata 286 (y Rosario). Reuniones, el 1er. sábado de cada mes, a las 10, y el 3er. lunes, a las 19.30.
Parroquia San Martín de Tours. San Martín de Tours 2939. Reuniones: el 2° sábado de cada mes, a las 10, y el 4° jueves, a las 19. 30.
En Costa Rica
Asociación Costarricense para Trastornos Anímicos Recurrentes, ACOTAR.
Dirección: de la Corte Suprema de Justicia, 40 metros al sur, San José.
Teléfono: (506) 233-7869.
En Guatemala
Grupo de Jóvenes con Trastorno Bipolar
Más información en la Asociación Psiquiátrica de Guatemala (APsG).
Dirección: Avenida de la Reforma, 1-90 de la Zona 9, oficina 201. Ciudad de Guatemala.
Teléfonos: (502) 2331-5376 y 2331-5395.
Para saber más:
Fundación de bipolares argentina: www.fubipa.org.ar
Fundación mundo bipolar : www.mundobipolar.org
Instituto nacional de sicopatologia: www.inapsi.com.ar
martes, junio 05, 2007
¡Somos muy intensos!
En la última reunión del grupo de jóvenes con trastorno afectivo bipolar, en la Ciudad de Guatemala, platicamos sobre varios puntos interesantes.
Recordamos que un grupo de psiquiatras deseosos de conocer nuestra experiencia nos dijo que aprovecháramos la "intensidad" con la que vivimos los bipolares para hacer algo importante a favor de los demás. Ciertamente, ser tan intensos nos ayuda a alcanzar las metas que nos proponemos. Eso es positivo, siempre y cuando los fines sean nobles. Pues, claro está, ese ímpetu o pasión por hacer realidad lo que deseamos también puede ser utilizado para causas mezquinas.
También estuvimos reflexionando sobre la capacidad que deben tener las parejas sentimentales de los bipolares para sacar adelante la relación. Alguien dijo que son “mártires” porque tienen que soportar con (por) amor nuestra inestabilidad emocional. Otra persona dijo que en su relación había intentado dejar muy claro desde el principio los riesgos de la misma. Pero otros pensamos que no basta con una “advertencia previa” porque sabemos que todos tenemos nuestros límites y los bipolares podemos fácilmente rebasar esos límites de las personas que están cerca de nosotros y que nos aman.
La parte más cómica de la reunión fue cuando el nuevo miembro del grupo dijo que para evitar problemas con los que nos rodean deberíamos hacer una camiseta que advierta: “¡No me chingue! Soy bipolar.” Para los casos de emergencia, cuando los demás no respeten la advertencia y nos saquen de nuestras casillas, en otro lugar de la camiseta debe ir el teléfono de nuestro psiquiatra.
Bueno, así transcurrió la más reciente reunión del grupo. Ahora somos ocho jóvenes, entre los 20 y 35 años de edad. Esperamos que más se unan a este esfuerzo por llevar una “vida normal”.
Recordamos que un grupo de psiquiatras deseosos de conocer nuestra experiencia nos dijo que aprovecháramos la "intensidad" con la que vivimos los bipolares para hacer algo importante a favor de los demás. Ciertamente, ser tan intensos nos ayuda a alcanzar las metas que nos proponemos. Eso es positivo, siempre y cuando los fines sean nobles. Pues, claro está, ese ímpetu o pasión por hacer realidad lo que deseamos también puede ser utilizado para causas mezquinas.
También estuvimos reflexionando sobre la capacidad que deben tener las parejas sentimentales de los bipolares para sacar adelante la relación. Alguien dijo que son “mártires” porque tienen que soportar con (por) amor nuestra inestabilidad emocional. Otra persona dijo que en su relación había intentado dejar muy claro desde el principio los riesgos de la misma. Pero otros pensamos que no basta con una “advertencia previa” porque sabemos que todos tenemos nuestros límites y los bipolares podemos fácilmente rebasar esos límites de las personas que están cerca de nosotros y que nos aman.
La parte más cómica de la reunión fue cuando el nuevo miembro del grupo dijo que para evitar problemas con los que nos rodean deberíamos hacer una camiseta que advierta: “¡No me chingue! Soy bipolar.” Para los casos de emergencia, cuando los demás no respeten la advertencia y nos saquen de nuestras casillas, en otro lugar de la camiseta debe ir el teléfono de nuestro psiquiatra.
Bueno, así transcurrió la más reciente reunión del grupo. Ahora somos ocho jóvenes, entre los 20 y 35 años de edad. Esperamos que más se unan a este esfuerzo por llevar una “vida normal”.
viernes, enero 26, 2007
Grupos de ayuda mutua: un oasis en el desierto
A uno de mis mejores amigos le conté que con otros jóvenes afectados por el Trastorno Afectivo Bipolar habíamos iniciado un grupo de apoyo mutuo. Con su agudo sentido del humor, y conociendo que la enfermedad consiste en oscilaciones de ánimo entre la euforia y la depresión, me preguntó: “¿Qué hacen durante las sesiones del grupo? ¿Unos días lloran todos juntos y otros días ríen al unísono?”
Simplemente me sonreí, pensando si su comentario no resultaba ser un poco cruel. Pero luego celebré la ocurrencia porque caí en la cuenta de que, efectivamente, podría darse el caso en que las crisis que algunos compartimos con el grupo puedan afectarles a otros. De hecho, recientemente una compañera del grupo nos contó sus problemas y al final de su mensaje dijo: “Gracias por escucharme y apoyarme, espero no haberlos deprimido.”
También, hace algunos días, me llamó otra persona del grupo para contarme su crisis, que incluso ameritó hospitalización. Me preocupé por ella, pero intenté que eso no me afectara a nivel personal, pues bastante hacemos con llevar el estrés de nuestra propia existencia.
Pensando en un caso semejante, se me ocurría que las reuniones de los bipolares corren el riesgo de ser algo así como una reunión de Alcohólicos Anónimos en un bar. Por eso se necesita cierta orientación profesional.
En nuestro caso contamos con el apoyo de un psiquiatra que nos ve a varios del grupo en su práctica privada. El nos ha dado una serie de lineamientos que sirven de orientación para que la ayuda mutua sea efectiva. Generalmente, en un grupo como éste, los miembros llegan a tener cierta confianza entre ellos para contarse sus problemas y llamarse en situaciones de crisis. Ante la llamada de una persona en crisis, quien responde debe seguir las siguientes reglas:
1. Escuchar. Se debe permitir a la persona en crisis que exprese sus sentimientos con total libertad.
2. Validar. Es importante mostrar empatía con la persona en crisis respecto a sus sentimientos. Debemos ser como un espejo que refleja lo que la otra persona siente.
3. Evaluar. Se debe preguntar a la persona en crisis el tiempo que lleva sintiéndose de determinada manera, y cómo esa situación le ha afectado en su funcionalidad en el trabajo y en el resto de relaciones sociales.
4. Recordar. Es necesario ayudar a la persona en crisis a retomar estrategias alternas para enfrentar la situación en la que se encuentra. Por ejemplo, debemos recordarles la importancia de estar ocupados y tener compañía.
5. Referir. En casos de emergencia, es decir, cuando la persona en crisis está muy afectada en su funcionalidad social (por ejemplo, deja de ir al trabajo), o tiene ideas suicidas, se debe invitar a la persona a que llame a su terapeuta.
Simplemente me sonreí, pensando si su comentario no resultaba ser un poco cruel. Pero luego celebré la ocurrencia porque caí en la cuenta de que, efectivamente, podría darse el caso en que las crisis que algunos compartimos con el grupo puedan afectarles a otros. De hecho, recientemente una compañera del grupo nos contó sus problemas y al final de su mensaje dijo: “Gracias por escucharme y apoyarme, espero no haberlos deprimido.”
También, hace algunos días, me llamó otra persona del grupo para contarme su crisis, que incluso ameritó hospitalización. Me preocupé por ella, pero intenté que eso no me afectara a nivel personal, pues bastante hacemos con llevar el estrés de nuestra propia existencia.
Pensando en un caso semejante, se me ocurría que las reuniones de los bipolares corren el riesgo de ser algo así como una reunión de Alcohólicos Anónimos en un bar. Por eso se necesita cierta orientación profesional.
En nuestro caso contamos con el apoyo de un psiquiatra que nos ve a varios del grupo en su práctica privada. El nos ha dado una serie de lineamientos que sirven de orientación para que la ayuda mutua sea efectiva. Generalmente, en un grupo como éste, los miembros llegan a tener cierta confianza entre ellos para contarse sus problemas y llamarse en situaciones de crisis. Ante la llamada de una persona en crisis, quien responde debe seguir las siguientes reglas:
1. Escuchar. Se debe permitir a la persona en crisis que exprese sus sentimientos con total libertad.
2. Validar. Es importante mostrar empatía con la persona en crisis respecto a sus sentimientos. Debemos ser como un espejo que refleja lo que la otra persona siente.
3. Evaluar. Se debe preguntar a la persona en crisis el tiempo que lleva sintiéndose de determinada manera, y cómo esa situación le ha afectado en su funcionalidad en el trabajo y en el resto de relaciones sociales.
4. Recordar. Es necesario ayudar a la persona en crisis a retomar estrategias alternas para enfrentar la situación en la que se encuentra. Por ejemplo, debemos recordarles la importancia de estar ocupados y tener compañía.
5. Referir. En casos de emergencia, es decir, cuando la persona en crisis está muy afectada en su funcionalidad social (por ejemplo, deja de ir al trabajo), o tiene ideas suicidas, se debe invitar a la persona a que llame a su terapeuta.
domingo, enero 21, 2007
Encontrar iguales es gratificante
Decir ‘Trastorno Bipolar’ es decir ‘acabo de estigmatizarme’. La gente no entiende, ni tiene porqué entender, de variaciones humorales. Una vez pronunciado el diagnóstico se cierne sobre ti un halo de ‘lastima’ y de ‘duda’. Ya no eres el mismo para los demás. Has dado paso a tu sentencia: ‘Estás loco’. Loco, si no de atar, loco de ‘desconfiar’. Ya nadie te mira como antes. Nadie confía en tus palabras. Nadie te presta atención a los razonamientos. Nadie te cree capaz. Nadie te cree estable, ni eutímico (eso ya es ‘palabra mayor’). Pasas a ser ciudadano de segunda, si alguna vez lo fuiste de primera.
No ya ‘nadie’, universalizando, sino ‘ni alguien’, particularizando, ni el mismo médico que te atiende. Ves en la cara del galeno lástima y desconfianza en un intento administrativo de humano vigilante que no sabe disimular su preciada atención que no por ello debe tener matices desdeñables.
Visto lo cual, empiezas a buscar tus iguales. Aquellos iguales que saben que ese día que te levantas desanimado no necesariamente significa que has cogido la vía de la depresión. Que el desánimo puede deberse a que no tienes amigos comprensivos, que no tienes una ‘razón de ser‘que te sustente el alma. Aquellos iguales que saben que si estas exultante es porque ese día, o algunos otros, has encontrado esas deficiencias, aunque sea de manera efímera. Aquellos iguales que, por experiencia propia, saben que en la gráfica anímica de un bipolar no solo existen ondas o sierras que marcan la depresión o la manía a ambos lados de una línea artificiosa de eutimia, sino que tambien hay vectores multidireccionales que corresponden no solo a las concentraciones de los neurotransmisores cerebrales sino tambien a los estados del alma encontrada o desencontrada con el éxtasis.
Buscar iguales se convierte en un afán imprescindible del bipolarizado. La soledad obliga a ello. Una falta y a la vez consciencia de identidad le empuja a esa búsqueda. Existen otros. Los encuentra en asociaciones, páginas Webs, en la calle…El mundo está lleno de ellos. Encontrarlos es un consuelo. Comunicarse con otros del mismo sentir proporciona cierta seguridad. Ellos, los otros, saben como eres. Saben de tus penas y alegrías. Saben que eres ‘normal’ y no un humano etiquetado con un título del DSM. Con ellos te sientes algo a salvo. Esos otros pueden incluso contagiar o despertar tu esencia adormecida por los altibajos emocionales. Encontrar iguales es gratificante.
Fuente: bipolarneuro.com
No ya ‘nadie’, universalizando, sino ‘ni alguien’, particularizando, ni el mismo médico que te atiende. Ves en la cara del galeno lástima y desconfianza en un intento administrativo de humano vigilante que no sabe disimular su preciada atención que no por ello debe tener matices desdeñables.
Visto lo cual, empiezas a buscar tus iguales. Aquellos iguales que saben que ese día que te levantas desanimado no necesariamente significa que has cogido la vía de la depresión. Que el desánimo puede deberse a que no tienes amigos comprensivos, que no tienes una ‘razón de ser‘que te sustente el alma. Aquellos iguales que saben que si estas exultante es porque ese día, o algunos otros, has encontrado esas deficiencias, aunque sea de manera efímera. Aquellos iguales que, por experiencia propia, saben que en la gráfica anímica de un bipolar no solo existen ondas o sierras que marcan la depresión o la manía a ambos lados de una línea artificiosa de eutimia, sino que tambien hay vectores multidireccionales que corresponden no solo a las concentraciones de los neurotransmisores cerebrales sino tambien a los estados del alma encontrada o desencontrada con el éxtasis.
Buscar iguales se convierte en un afán imprescindible del bipolarizado. La soledad obliga a ello. Una falta y a la vez consciencia de identidad le empuja a esa búsqueda. Existen otros. Los encuentra en asociaciones, páginas Webs, en la calle…El mundo está lleno de ellos. Encontrarlos es un consuelo. Comunicarse con otros del mismo sentir proporciona cierta seguridad. Ellos, los otros, saben como eres. Saben de tus penas y alegrías. Saben que eres ‘normal’ y no un humano etiquetado con un título del DSM. Con ellos te sientes algo a salvo. Esos otros pueden incluso contagiar o despertar tu esencia adormecida por los altibajos emocionales. Encontrar iguales es gratificante.
Fuente: bipolarneuro.com
miércoles, septiembre 27, 2006
Contactos en Costa Rica
¿Cómo obtener ayuda?
Las personas con trastorno bipolar pueden contactar a la Asociación Costarricense para Trastornos Anímicos Recurrentes, ACOTAR. Esta asociación brinda apoyo a las personas con trastorno bipolar y a sus familiares.
Dirección: de la Corte Suprema de Justicia, 40 metros al sur.
Teléfono: (506) 233-7869
Consultas y correspondencia
Oficina del Proyecto Bipolar, Universidad de Costa Rica
Apartado postal: 2060-1000, San Pedro de Montes de Oca, San José, Costa Rica
Teléfono: (506) 280-2013
Fax: (506) 207-3190
Las personas con trastorno bipolar pueden contactar a la Asociación Costarricense para Trastornos Anímicos Recurrentes, ACOTAR. Esta asociación brinda apoyo a las personas con trastorno bipolar y a sus familiares.
Dirección: de la Corte Suprema de Justicia, 40 metros al sur.
Teléfono: (506) 233-7869
Consultas y correspondencia
Oficina del Proyecto Bipolar, Universidad de Costa Rica
Apartado postal: 2060-1000, San Pedro de Montes de Oca, San José, Costa Rica
Teléfono: (506) 280-2013
Fax: (506) 207-3190
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