Mostrando las entradas con la etiqueta suicidio. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta suicidio. Mostrar todas las entradas

viernes, junio 13, 2014

Mi vida con Trastorno Bipolar

por Isolda S. desde Nicaragua*
He intentado suicidarme tres veces. El suicidio es la pérdida total de perspectiva, de sentirse como un gato encerrado en una caja, arañando por una salida. Es como estar con un pie en el abismo. La primera vez fue a los quince y la que me encontró fue mi hermana. Me llevaron al hospital y me drenaron el estómago. Desperté horas después con un tubo en la nariz y un staff de hospital claramente hostil hacia mí.
Creo que me veían como una niña que le hace malacrianzas a sus padres. Llegaron a mi cama unas monjas que me sugirieron buscara a Jesús. Recuerdo que me dejaron en observaciones un día entero y me dieron de alta al día siguiente. Un martes. El miércoles regresé al colegio como si nada hubiera ocurrido. Mi madre dijo a las autoridades colegiales que la razón de mi ausencia fue una gastritis. Supongo que le dio demasiada vergüenza decir la verdad. Tiempo después investigué y descubrí que el envenenamiento con ácido acetilsalicílico (aspirinas) produce una muerte lenta y dolorosa, básicamente te disuelve el estómago; también descubrí que había tomado diez veces la dosis letal, y me reí de la idea de morir diez veces.
Nicaragua ocupa el puesto 60 a nivel mundial en tasa de suicidios, según suicide.org, que dice que por cada 100,000 habitantes se matan 11 hombres y 3.7 mujeres. Las mujeres lo intentan cuatro veces más, pero los hombres son más eficientes a la hora de acabar su vida. Este hecho deja anonadados a muchos, pero como mujer, la explicación me parece dolorosamente —simple incluso a la hora de acabar con nuestras vidas— es que las mujeres tenemos todo un sistema social que nos impide dejar la existencia de formas “escandalosas” o “desordenadas”, así que mientras los hombres se liquidan con armas de fuego, las mujeres se asfixian, ahogan o envenenan. De cierta manera me hace pensar que en el fondo sentimos la necesidad de ser cadáveres presentables y bonitos.
Pero no crean que pretendo ser la voz de todos los suicidas, sería un papel demasiado grande para una simple muchacha de 20-25 años, clase media de Managua, Nicaragua. Sólo puedo hablar por mí misma y mi experiencia.
La segunda vez que me intenté matar fue a los dieciocho años. Pastillas, pero esta vez fueron 45 ansiolíticos con media botella de vodka. Esta vez fue mi padrastro el que me encontró, o mi madre. Me llevaron de emergencias al Manolo Morales, donde desperté dos días después, con una bolsa con el contenido de mi estómago a mi lado, como una placenta conectada a mi cuerpo con una bolsa en la nariz. Esta vez estaba sola. Como estaba en el ala femenina del hospital, no le permitieron a mi novio ir a mi lado, y mi madre estaba tan enojada conmigo que tampoco se apareció por ahí. Al salir, me castigaron meses sin salir de la casa, sin teléfono, internet o visitas, castigada por haber intentado quitarme la vida. Después de unos meses me recuperé, y seguí con mi vida y mi carrera en la universidad, pero en el fondo sentía una sombra, un monstruo que me empujaba al abismo.
Cuando tenía 21 años, un día dejé a mi novio y me sumí en una de las mayores euforias de mi vida. Bacanal duro, días de tomar y días en los que no necesitaba dormir. Pura energía. Creé muchísimo en esas semanas, se me ocurrían cualquier cantidad de proyectos y me sentía invencible. Un par de semanas después, absolutamente deshecha de vergüenza y auto-odio por todo lo que había hecho, sentí al monstruo que me jalaba lenta y decididamente al abismo. Pero esta vez, decidí buscar otra salida.
A pesar de la aprehensión de mis padres (mi madre se declara enemiga de “las drogas”), me vi en el consultorio del Dr. S.
El Dr. S. fue el psiquiatra de dos amigas cercanas que se habían ido del país, y ese día que fui a verlo lloré desconsoladamente en el diván de su consultorio, incapaz de articular por qué.
El Dr. S. me evaluó, hizo un diagnóstico diferencial, que consiste en descartar posibilidades y quedar con “la más probable”. Se me hicieron pruebas hormonales, para descartar el hipotiroidismo, se me hicieron pruebas neurológicas para descartar epilepsia. Al final, un par de meses después, tenía un diagnóstico: Trastorno Bipolar. El monstruo en mi cabeza tenía nombre.
El Trastorno Bipolar, explicado de una manera fría y científica, consiste en un desorden bioquímico. No está muy claro qué lo produce y qué lo detona, pero básicamente mi cerebro produce químicos que después se rehúsa a metabolizar. Dopamina y serotonina, que son responsables de las respuestas emocionales, no son procesados correctamente y produce desórdenes de estado de ánimo. Suena bastante simple: células neuronales que no hacen lo que deberían hacer, sin embargo, sus consecuencias en la vida diaria del paciente son devastadoras.
El Trastorno Bipolar no es un monstruo al que le gusta estar solo, ama la compañía de otros trastornos como Ansiedad, Pánico, Déficit de Atención, Ideación Suicida, Trastornos Alimenticios y Abuso de Sustancias. Entre 25% a 50% de las personas con esta enfermedad han tratado de suicidarse al menos una vez en su vida. De hecho, los bipolares tenemos 400% más de posibilidades de terminar nuestra vida de esta manera.
Leí en La Prensa el especial de este domingo sobre el suicidio. Habla sobre el estigma pero al mismo tiempo los subraya. El suicidio va más allá de una ruptura amorosa, de una pérdida de trabajo o la muerte de un ser querido. Habla más bien de la pérdida total de perspectiva, de sentirse como un gato encerrado en una caja, arañando por una salida. Cuando se está en el abismo no hay luz ni dirección ni sentido que nos guíe; delante de nosotros sólo está la muerte con los brazos abiertos.
Ese artículo habla también de una manera muy simple de las enfermedades mentales. De hecho sólo las menciona, nada más. Como paciente de una enfermedad mental, es una cachetada sólo dedicarle dos palabras a este tema sin el trasfondo de lo que realmente es padecer una enfermedad mental grave (pero entre comillas “manejable”) en un país como el nuestro. Los bipolares somos retratados como nuestra enfermedad y nada más. Una enfermedad que debemos esconder para tratar de funcionar en esta sociedad. Lo peor que nos puede pasar es que nuestra enfermedad llegue a oídos de potenciales empleadores, nadie quiere lidiar con una persona “loca” en su empresa, a pesar de que el trabajo es un factor muy estabilizador para personas con condiciones similares a las mías.
No sólo en eso radica la dificultad para vivir nuestras vidas, este trastorno trastoca absolutamente todas nuestras relaciones: ha permeado en mi relación con mi familia, amigos, conocidos.
La tercera vez que lo intenté fue a los veintitrés y no lo recuerdo muy claramente. Sólo la ansiedad. Recuerdo haber salido para despejar mi cabeza y que las cosas se salieron de control. Tomé ansiolíticos para frenar el tren de pensamientos obsesivos que me atacaban desde hacía días, y una desesperación y sensación de claustrofobia. Salí, para al menos ver gente y pasar un buen rato, pero al final de la noche me había tomado quince veces mi dosis de ansiolíticos y al menos una docena de cervezas. Esta vez fueron unos amigos (que probablemente para este entonces no les quede duda de quién soy, ¡hola!) los que me salvaron. Una vez más mi madre tuvo que recoger los trozos de su hija y llevarme derechito donde mi doctor.
La gente suele pensar que “antes no habían estas cosas, ahora todo mundo tiene algo” y que los fármacos psiquiátricos son como “pastillitas de la felicidad” que las personas débiles usan como excusa. La medicación es, por no decir otra cosa, brutal para el cuerpo, los antipsicóticos no te dejan concentrar, manejar y en general interfieren con tu vida diaria. Los antidepresivos traen consigo una gran cantidad de efectos secundarios como dolores crónicos de cabeza, hipersomnia, boca seca, aumento de peso, entre otros. Yo, por ejemplo, tendré que pasar el resto de mi vida tomando estabilizadores de humor, muchos de ellos incompatibles con embarazo y lactancia, así que estoy tratando de afrontar el hecho de que probablemente no sea posible para mí tener hijos. También el costo es un problema, algunos medicamentos de mantenimiento rondan los C$500, sumándole el chequeo mensual de psiquiatría, estamos hablando de al menos C$ 1500, ha habido meses que la cuenta llega a más de doscientos dólares, entre fármacos y consultas. Tener una enfermedad mental es un lujo caro.
Pienso entonces en mi privilegio: mis padres costean todos los gastos de mi salud mental. Tengo un psiquiatra excelente con una integridad humana increíble y siento cómo vela por mí y mi bienestar. Tengo un trabajo estable, en mi área, que disfruto mucho, con empleadores que están conscientes de mi condición, y que me apoyan y creen en mí y en mi talento. Tengo un grupo de amigos íntimos que me entienden desde el umbral de sus propias enfermedades mentales y condiciones. Tengo amigos que no tienen estas condiciones, pero están ahí para apoyarme y ver más allá de la Isolda-Bipolar, ven a la Isolda-Persona, y me hace pensar en todas esas personas que no tienen ni la mitad de este privilegio que yo tengo. Pienso en cuántos casos similares al mío no se pueden controlar por falta de recursos, la deficiente atención a la salud mental que existe en este país, la inestabilidad del flujo de medicamento en farmacias del país (nada es peor que llegar a la farmacia y no encontrar la medicación que te estabiliza). Y el estigma. Siempre el estigma.
Hace unos días le dije a mi mejor amigo que a veces siento que el día a día de la vida es como una piscina. Todos, sin excepción, tenemos que nadar diez vueltas a esa piscina, pero yo tengo una bola de hierro atada a mi tobillo que me hunde hacia el fondo y me hace nadar desesperadamente hacia la superficie, luchando por respirar. Entonces la gente pasa a mi alrededor y me dice “Isolda, todos tenemos que nadar diez piscinas” o “seguí adelante”. Y esa bola de hierro hundiéndome más y más, y yo luchando más y más por sobrevivir.
He llegado a conocer a este monstruo, y lo doy a conocer para que la gente no nos tenga miedo a nosotros, los enfermos mentales. Me niego a esconderlo de las personas que me quieren y conocen, y tengo la esperanza que a medida que más personas se familiaricen con estos monstruos, la vida se vuelva un poco menos complicada para nosotros, los que tenemos que convivir con estas condiciones en un mundo que no nos espera.
Publicado en Confidencial, 10 de junio de 2014.
http://www.confidencial.com.ni/articulo/17826/mi-vida-con-trastorno-bipolar
Republicado por Plaza Pública, 13 de junio de 2014.
http://www.plazapublica.com.gt/content/mi-vida-con-trastorno-bipolar

jueves, octubre 18, 2012

Profundidad y valentía, no silencio ante el dolor

por Carlos Miguélez Monroy(*)

Al decir que alguien “comete” suicidio, los medios de comunicación anglosajones dan a entender que se trata de un crimen. “Pero no cometió un crimen. Se quitó la vida”. Así lo afirmaba el periodista Cristopher Lukas en el taller “Cubriendo el suicidio” del Dart Center for Journalism and Trauma. Este centro de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia pretende servir como recurso para periodistas que cubran temas relacionados con la violencia y el trauma.

Durante dos días, psicólogos, expertos de la salud y profesionales de la comunicación debatieron sobre el suicidio en los medios de comunicación. Cada año se quitan la vida cerca de un millón de personas en el mundo; una cada 40 segundos. Ni siquiera mueren tantas personas en todos los conflictos armados juntos. Los casos han aumentado de forma alarmante en Estados Unidos desde 1999, y es ahora la decima causa de muerte aunque, a diferencia de las que le preceden, ésta va en aumento.

El suicidio en los medios de comunicación divide opiniones. Unos se apoyan en el efecto réplica que, según varios estudios, se produce por publicar información sobre casos de suicidio. Por eso, muchos medios de comunicación mantienen una política de silencio.

Pero cada vez más profesionales de los medios piden que se hable del tema, aunque sin frivolizar ni perder de vista que “se trata de un asunto complejo”, en palabras de Bob Gebbia, director de la American Foundation for Suicide Prevention. En el taller, algunos profesionales apelaban al sentido de responsabilidad de los periodistas y resaltaban la necesidad de formar a los profesionales para cubrir información que implica cuestiones éticas, psicológicas, jurídicas y políticas con las que no cualquiera puede lidiar.

Esa formación se dirige, sobre todo, al enfoque que deben dar los periodistas y a la forma en que cubren una noticia. En repetidas ocasiones, los periodistas han llenado sus informaciones de detalles sobre la muerte que el lector no necesita saber. En otras, han simplificado las causas o se han limitado a hablar del shock y del dolor sin abordar otras cuestiones.

Pero tampoco resulta fácil llegar a las causas y luego informar de ellas, que muchos de estos expertos consideran fundamental para detectar casos en el futuro y prevenirlos. En muchas ocasiones hay situaciones llenas de dolor y desesperación, se han destapado secretos que salpican a otros miembros de la familia; casos de homosexualidad reprimida o mal asumida; se interponen sentimientos de vergüenza, de culpa, de impotencia y de odio. Un periodista sin bagaje, sin preparación y sin capacidad de afrontar estas circunstancias puede padecer consecuencias psicológicas, como advertían algunos periodistas en el taller. Sin embargo, estas dificultades no desaniman a quienes coinciden en la necesidad de cubrir más y mejor los casos de personas que se quitan la vida. Sólo así podrán curarse muchas de las heridas abiertas en las familias y en la sociedad. El silencio y el olvido, en muchos casos, han provocado más dolor y peores estigmas en las familias.

Al destapar el creciente número de suicidios en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, algunos periodistas han reconocido la dimensión política a una tragedia que afecta a las familias: veteranos de guerra con pagas insuficientes, falta de atención psicológica a soldados mutilados en la guerra o que sufren el llamado “Desorden de Estrés Post-Traumático” reformulado por algunos como “Daño de Estrés Post-Traumático”.

Estas labores periodísticas han enemistado a algunos medios con ciertos estamentos del ejército, aunque muchos veteranos de guerra, que conocen las consecuencias de pasar tiempo en un campo de batalla, las aprueban. La sensibilidad y la valentía con que algunos periodistas escriben sobre temas tan delicados suele despertar admiración.

“Si estoy escribiendo sobre alguien que ha muerto, pongo una foto de esa persona en la pantalla para que pueda pensar en esa persona”, confesaba Michael de Yoanna, periodista estadounidense galardonado con premios por su periodismo de investigación sobre suicidios de miembros de las Fuerzas Armadas.

Los responsables de los medios de comunicación no pueden ignorar la labor de un centro de la que puede ser la más prestigiosa facultad de periodismo en el mundo. Hay que abordar las causas de la violencia para afrontarla, pues aún forma parte de nuestra vida diaria.

(*)Periodista, coordinador del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
Email: ccs[at]solidarios.org.es

domingo, septiembre 09, 2012

Prevención del Suicidio

Importante ejemplo a seguir de organización en los EE.UU.

Suicide Prevention Education Alliance

Nuestra misión: Prevenir el suicidio por medio de enseñar a los jóvenes a reconocer las señales de advertencia sobre el suicidio y buscar ayuda profesional para ellos y para los demás. Leer más AQUÍ



Esto a propósito de nota en PrensaLibre.com de Guatemala sobre el problema

Buscan reducir tasa de suicidios

Una encuesta efectuada por la Universidad de San Carlos el año pasado establece que hasta 200 mil jóvenes menores de 30 años han tenido ideas suicidas en algún momento, cifra que alarma a expertos que ayer se reunieron para tratar el tema. Leer más AQUÍ




miércoles, enero 12, 2011

Homenaje a mi primo: hace dos años que se marchó

No sé por qué se me pasó el mero día para recordar a mi primo -el miércoles anterior-. Bueno, sí lo sé, porque estuve muy ocupado. Pero lamento no haberle dedicado unas palabras en el momento apropiado. Más vale tarde que nunca...

Hace dos años se quitó la vida mi primo Mario Raúl. Como conté antes, nuestro último encuentro giró en torno al trastorno bipolar y a su incredulidad sobre mi condición. Ya que para él ser bipolar significa desear morir... Me lo preguntó muchas veces y yo le contestaba que en mi caso no llegaban esos pensamientos negativos o auto-destructivos (desde el punto de vista de quien no los tiene, ya que para ellos tiene una connotación positiva, de salida a un problema, de "solución"). Él, por el contrario, me decía que todos los días sentía la necesidad de partir...

Yo lo vi tranquilo ese día, pero nos comentó que ya no tomaba medicamentos y a veces se automedicaba con el alcohol. Eso me preocupó. Y sabiendo que él era bipolar I con fuertes episodios maníacos, me esperé lo peor. Así ocurrió, unos meses después.

El otro día fui a visitar su tumba. Le tome foto. Está junto con nuestros abuelos.


Yo no pude acompañarle en el velorio ni en el sepelio. Me hizo falta llorar con sus hermanos y abrazar a mis tíos. Todavía no lo he hecho y creo que me hace falta. Sólo le escribí a la familia parte de lo que pensaba y sentía. Ojalá que algún día abran los ojos y se den cuenta de lo peligroso de ignorar la enfermedad y las necesidades de quienes la padecemos. Espero que algún día comprendan la verdad y que esta los libere.

¡Descansa en paz!

domingo, noviembre 28, 2010

Los sobrevivientes del suicidio

por Paola Hurtado, elPeriódico (28 nov 10)

La persona que se quita la vida deja un duelo difícil de superar cargado de culpa, vergüenza, enojo y reproche. Aquellos que enfrentan este largo y doloroso proceso son llamados sobrevivientes del suicidio. En Guatemala son un grupo en la sombra, a pesar de ser numeroso. El suicidio es un tema del que no se habla.

El sábado 20 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de los Sobrevivientes de Suicidio con una videoconferencia impartida simultáneamente en 270 ciudades alrededor del mundo sobre las secuelas que deja un suicida en su círculo de familiares y amigos.

Cada año se quita la vida aproximadamente un millón de personas en el mundo. Se calcula que 6 de cada 10 personas conoce a un suicida y 20 de cada 100 han perdido a un ser muy querido por esta causa.

En Guatemala, la videoconferencia organizada por la American Foundation for Suicide Prevention de Estados Unidos, se transmitió en el auditorio de la Universidad del Valle, pero sólo asistieron cinco personas. El suicidio es un tema del que no se habla abiertamente. Se oculta, incluso, en las actas de defunción para evitar la crítica social, los señalamientos y las explicaciones. Raúl Higueros, docente y el psiquiatra que moderó el foro en la universidad, habla de cómo sobrevivir a un suicidio.

Una persona que se suicida, ¿qué deja a su alrededor?

– Es un duelo bien complicado para las personas más cercanas porque acarrea mucha culpa. El deudo se pregunta, “qué no dije, qué no hice, qué no vi”. Cosas que, según él, pudieron cambiar la decisión final. Creo que la parte más difícil es la culpa, la persona se siente responsable y eso le provoca mucho dolor.

¿Qué terapia se le da a un sobreviviente de suicidio?

– No hay soluciones mágicas para sanar el dolor, sólo técnicas para que no se complique más: enseñar a manejar la ira, a movilizar la tristeza y la culpa, y a no sobreculparse. En la mayoría de casos las personas no tuvieron nada que ver y por más que hubieran hecho, dejado de hacer o dicho, el suicida habría tomado la misma decisión. Hay que asumir el dolor y que las cosas que se hicieron o dejaron de hacer no tuvieron mayor relevancia.

¿Y cómo hacerles ver eso, que si el suicida ya había tomado la decisión no estaba en sus manos detenerlo?

– Se les motiva a revisar expectativas realistas, a preguntarse, ¿en verdad yo hubiera cambiado algo? Tal vez si hubieran dicho o hecho algo distinto habrían postergado el suicidio, pero no lo habrían evitado. Entender eso no se logra en una sesión. Toma meses.

¿En cuánto tiempo se supera el duelo?

– Un duelo por muerte común puede durar de seis meses a un año, pero estos duran de uno a dos años y va a depender de las personas, la forma en que ocurrió el suicidio, la relación que tenían, cómo estaban antes de la muerte, si estaban bien o peleados. En general son duelos muy cargados de ira en contra del suicida, a pesar del dolor. Es normal que el deudo recrimine que lo dejaron solo. Y no hablar sobre esto hace que sea más largo y complicado.

En la videoconferencia los sobrevivientes contaban qué les funcionó para su proceso de sanación: la espiritualidad, ver las cosas con sentido del humor, practicar el altruismo, ayudar a otros en la misma situación.

¿Qué otras cosas ha visto que le funcionan a sus pacientes?

– El tiempo, entender que es un proceso y que hay días buenos y malos. Ayuda encontrarle un sentido a lo que pasó y sacarle un beneficio. Encontrarle una explicación religiosa ayuda a algunos y a otros no. A algunos les ayuda compartirlo y vivirlo abiertamente.

¿Qué no ayuda?

– Ocultarlo, no hablar de eso, decir “no pasó nada”, mentir sobre eso. No hay que buscar porqués porque usualmente no los hay. También he visto que muchos se apoyan en la familia, pero los parientes están pasando por el mismo proceso y todavía no se han levantando. Es mejor idea buscar un amigo cercano, pero lejano al evento. El sobreviviente de suicidio debe saber que su dolor no se solucionará con leer un libro ni con ir un par de veces a terapia o a la iglesia. Requiere de un proceso. No debe encerrarse, ni física ni emocionalmente. Hay que ayudarse con todos los medios disponibles

¿Qué tan frecuente es que los familiares de un suicida también experimenten el deseo de matarse?

– Muchos en el proceso de duelo piensan en estar con la persona que se suicidó. Y estadísticamente los familiares de un suicida tienen más propensión a quitarse la vida por genética y por aprendizaje.

¿Se puede heredar una conducta suicida?

– Complicado de responder. Puede haber un factor genético en la predisposición a considerar el suicidio y cometerlo, pero no lo determina del todo, influyen otros factores como un divorcio o problemas familiares o económicos que lo detonan. La forma más heredable de suicidio está asociada al trastorno afectivo bipolar, que es una serie de depresiones recurrentes alternados con estados de felicidad o irritabilidad. Hay muchos casos de gente famosa bipolar que se ha suicidado y tenía un historial familiar de suicidios impresionante, como el vocalista de Nirvana, Kurt Cobain, que, además, consumía heroína, y el escritor Ernest Hemingway, que era bipolar y alcohólico.

¿Es conveniente decirle a un niño que su padre o hermano se suicidó?

– Siempre es mejor decir la verdad porque siempre habrá alguien que se lo dirá en el calle o en el colegio y de la peor forma. Cada uno debe buscar la mejor manera, según la madurez del niño.

Los que se suicidan

¿Quiénes se suicidan?

– Del 80 al 90 por ciento de las personas que se suicidan estaba deprimido y tenían bastante tiempo de estarlo. No lo deciden a la semana de estar deprimidos, sino que es el último paso de una depresión nunca tratada o que fue resistente al tratamiento. Las enfermedades mentales son las que más causan suicidio y las principales son la depresión, el trastorno afectivo bipolar, la esquizofrenia y los trastornos de personalidad, en ese orden. El resto de población lo hace impulsivamente o pertenece a comunidades o grupos religiosos que planean suicidios masivos, pero son los menos. La mayoría se suicida por una enfermedad mental y por eso la prevención del suicidio está basada en el diagnóstico y el tratamiento de la depresión y de las enfermedades mentales en su conjunto.

¿Qué provoca una depresión que termina en la decisión de quitarse la vida?

– Es un fenómeno complejo. Como todas las enfermedades mentales tiene muchos componentes. Tienen origen genético. Aunque eso no lo determina sí da la predisposición a deprimirse ante un evento como la pérdida del trabajo o divorcio, por ejemplo. Tiene que ver la biografía: cómo fue la niñez, la educación, qué ha pasado en la vida del individuo. Tiene que ver la personalidad: cómo se enfrentan las vicisitudes. Cómo se maneja la tristeza, la ira, qué tan sociable es la persona. Y tiene que ver la cultura y el entorno. Cuando alguien se deprime no tiene una única causa, siempre son varias. Y hay que resaltar que no toda la gente deprimida se suicida, solo entre el 10 al 15 por ciento.

¿Cómo es el proceso desde que se considera el suicidio hasta que se comete?

– Todos en algún momento de la vida hemos pensado “me quiero morir”. Pero es muy diferente a planificarlo. El principal temor de nosotros (los psiquiatras) es cuando alguien lo empieza a planificar. Y eso pasa después de pasar un buen tiempo deprimidos. Aunque no tenemos números exactos se cree que puede ser arriba de los 4 o 6 meses, si es el primer evento depresivo. Si alguien ya tiene varios eventos depresivos puede ser desde las primeras semanas cuando tome la decisión de matarse. Las estadísticas son difíciles de establecer, pero sí sabemos que las personas que se suicidan no tenían 2 o 3 semanas deprimidas, sino varios meses o años de estar deprimidos.

¿Cómo se fragua la idea?

– La depresión tiene muchos síntomas: tristeza, falta de sensaciones placenteras (anhedonia), cansancio, falta de concentración, ideas de muerte (pero no pensar directamente en suicidio), mucho sueño o insomnia. Se come mucho o muy poco. Hay falta de concentración y sensación de inutilidad. Cuando alguien comienza con estos síntomas y no recibe tratamiento después de 4 o 5 meses comienzan a aparecer algunas emociones ligadas al suicidio. Una de ellas es la desesperanza. En el momento en que yo siento que esto no va a mejorar, que siempre va a ser así o peor, es cuando comienzo a pensar que el suicidio es la mejor salida.

Los hombres se suicidan con diferentes métodos que las mujeres

– Sí, el hombre utiliza métodos muy letales: un disparo en cabeza, el ahorcamiento, un salto al vacío. Las mujeres principalmente se intoxican con medicamentos o se cortan las venas que usualmente no son métodos tan efectivos ni letales. Por cada hombre que se suicida 4 mujeres lo intentan y no lo logran.

¿Cuál es el perfil de un suicida?

– Hace unos 20 años era un hombre viudo o divorciado, sin empleo y mayor de 50 años. Ahora es un hombre joven, con una enfermedad mental, que está deprimido y atraviesa por situaciones de vida complicadas como pérdida de empleo o de pareja aunadas a alcoholismo o drogadicción. En la mujer es similar.

¿Y el suicidio más común en niños y ancianos?

– Los adultos asumen que los niños no piensan en el suicidio, pero sí lo hacen y estos casos están asociados a depresión y al acoso escolar (‘bullying’) aunado con padres rígidos e incomprensivos. En adultos mayores está ligado a depresión, enfermedades crónicas, terminales o mentales.

Hablemos del grupo que intenta matarse y no lo logra. ¿Quiénes son ellos?

– Son personas que lo pasan intentando parte de su vida. Tienen poca tolerancia a la frustración, algunas padecen alguna enfermedad mental y han recibido tratamientos psicológicos o psiquiátricos no adecuados que perpetuaron sus episodios depresivos. Son personas que en algún momento probablemente se suicidarán. El error más frecuente de los médicos, psicólogos y familiares es asumir que lo hicieron para llamar atención. Es falso. Por tonto que sea el intento, como tomar muchas aspirinas, hay que hacer una evaluación para descartar una enfermedad mental, depresión o abuso de sustancias.

¿Qué sentimientos deja el que lo intenta?

– Ira, enojo y rabia. A veces sus familiares los regañan por lo que hicieron y los rechazan, pensando que así lo dejarán de hacer, pero es error porque se sentirán peor y podrían intentarlo de nuevo. Es fácil juzgarlos pero uno no comprende el dolor y la dimensión de lo que puede ser una depresión. Es un dolor terrible. Hay que entender a la persona y darle apoyo.

Se escucha de gente que amenaza con matarse para obligar a su familia o pareja a que haga algo. ¿Deberían tomarse en serio esas amenazas?

– Si la persona no esta deprimida no tanto, usualmente es por manipulación. Los suicidas no amenazan en ese sentido. Es algo que llevan muy por dentro y pocas veces lo exteriorizan. Pero si alguien lo dice muy frecuentemente y su estado de ánimo no es normal, yo diría que sí hay que tomarlo muy en cuenta.

Fuente: AQUI

jueves, septiembre 16, 2010

Suicidios se pueden evitar

En esta interesante serie de programas llamada REDES, se trató el problema de los suicidios y las formas "sencillas" para evitarlos. El experto entrevistado es el Dr. Thomas Joiner, autor de Why people die by suicide (Porqué las personas se suicidan), libro publicado en 2006.

Redes (06/12/09) : El suicidio se puede evitar




"En este programa de REDES hablamos del suicidio, la segunda causa de muerte en el mundo entre los 15 y los 30 años. El suicidio se puede prevenir, pero antes hemos de aprender sobre él, hablarlo y eliminar el estigma social que existe alrededor de los suicidas y sus familiares." Al aire el 6-12-2009.

Nota: si no funciona el video de arriba pueden verlo AQUI.

domingo, septiembre 12, 2010

Suena alarma sobre aumento de suicidios en España

Hoy, un querido amigo me compartió la noticia aparecida en un medio electrónico de España: "Los psiquiatras dan la voz de alarma ante el elevado número de suicidios". En dicha nota -AQUÍ- se explica que en el año 2008 hubo 3,421 suicidios, superándose así la cantidad anual de muertes por accidentes de tránsito, de 3,021. Entonces, en España 7.5 personas se quitan la vida por cada 100,000 habitantes.

En los EE.UU., según el National Center for Injury Prevention and Control, en 2007 murieron 42 mil por accidentes de tránsito y casi 34 mil 600 personas se quitaron la vida. Así, los suicidios se constituyeron en 11a causa de muerte en el país. Sin embargo, los suicidios fueron más importantes para explicar muertes por rango de edad: 2a causa para personas entre 25-34 años, 3a para entre 15-24, 4a para los rangos entre 10-14 y 35-44, y 5a para 45-54 años.

Leading Causes of Death, United States
2007, All Races, Both Sexes
Fuentes: Produced by The Office of Statistics and Programming, National Center for Injury Prevention and Control, Centers for Disease Control and Prevention. Data Source: National Center for Health Statistics (NCHS), National Vital Statistics System.

Hay que pasar esos números a tasas para poder comparar mejor entre ambos países. Pero a nivel nacional podríamos afirmar que en los EE.UU. se dio una tasa de suicidios de 11.5 por cada 100 mil habitantes. Por cierto, se sospecha que algún porcentaje de los accidentes de tránsito podrían ser suicidios.

¿Cuáles serán las cifras en América Latina?

martes, abril 27, 2010

El psiquiatra

Shrink: una película con final feliz... Es un drama psicológico, de casi todos los personajes. El principal (Kevin Spacey) es un psiquiatra atormentado por la partida de su esposa. Su situación no le permite atender a sus pacientes. Sus libros y consejos parecen desvanecerse por triviales, al no poder explicar lo complejo del comportamiento humano, hasta que llega una jovencita con el mismo padecimiento, por la muerte de su mamá. En torno a ella giran las demás historias y empieza la sanación paulatina de casi todos. Puede ser de su interés, pues me parece que refleja bien lo que ocurre cuando estamos deprimidos.

Le doy 4 estrellas de 5 (****). Fue premiada en el Sundance Film Festival del 2009.

jueves, abril 22, 2010

Documental en BBC: Vida Secreta de un Maníaco Depresivo

En el encuentro al que asistí también se proyectó el documental de Stephen Fry, actor británico.

Pueden buscarlo en YouTube, se llama "Secret Life of the Manic Depressive"

Aquí les comparto un abstracto del mismo:

lunes, abril 19, 2010

"Caminos hacia la recuperación"

Tuve la oportunidad de asistir al 11er Simposium Anual de la Alianza de Apoyo a Personas con Depresión y Trastorno Bipolar (DBSA, 17 abril 2010) en Evanston, Illinois. Fue una excelente conferencia de actualización.

En la misma se trataron varios temas, desde lo legal hasta las dinámicas familiares, pasando por los tratamientos del futuro. Sobre asuntos legales, Matthew Cohen explicó aspectos de la Ley de Educación Especial para personas menores de 21 años de edad en establecimientos públicos o que reciben fondos del Estado. La misma obliga a dichas organizaciones a realizar evaluaciones diagnósticas sobre el desempeño académico, funcional (p.e., relaciones sociales) y de desarrollo de los estudiantes para determinar sus necesidades particulares y actuar consecuentemente. También habló sobre la Ley que protege a las personas con alguna situación que les inhabilita para trabajar o estudiar, incluyendo personas con trastornos mentales. Me quedé pensando en el vacío legal que al respecto existe en nuestros países latinoamericanos.

Una de las charlas que me interesó mucho fue la del Dr. Edward Pirok, quien expuso hacia dónde van las nuevas tendencias en tratamientos de los trastornos del ánimo. Por ejemplo, lo de la medicina genómica, según la cual deberá tomarse en cuenta el perfil genético del paciente para adecuar sus medicamentos. Es el caso de los distintos tipos de metabolización de los medicamentos (de lento a ultra-rápido). Compartiré más de ello en los próximos posts, como la vigencia del tratamiento electroconvulsivo.

Fue muy emotiva la presentación de Kevin Roy, del canal ABC7 de Chicago, quien compartió su reportaje sobre los familiares de quienes decidieron quitarse la vida. Él mismo es uno de ellos, pues su madre tomó tal decisión. Los dejo con ese video.

miércoles, enero 06, 2010

Investigación sobre causas de los suicidios

También les prometí comentar el artículo titulado "Daring to Die" escrito por Karen Springen (Scientific American Mind, Jan-Feb 2010, pp. 40-47).

La autora inicia el artículo con varias cifras: los suicidios son la 11a causa de muertes en los EE.UU., pero la 3a en la población entre 15-24 años. En la última década la tasa nacional aumentó debido a más suicidios de blancos entre 40-64 años. La crisis económica ha aumentado el número de llamadas a la línea para prevención de suicidios en 22 por ciento!

El punto principal es que la motivación para quitarse la vida no basta. Se necesitan otros factores para que esa idea se haga realidad. Entendiendo eso se pueden prevenir más tragedias. Aunque, claro está, para el suicida no es una tragedia sino una "salida". Entre los otros factores están la falta de miedo y la capacidad de tolerar dolor, más la impulsividad.

No encontré en el artículo referencia alguna al Trastorno Bipolar y los suicidios. Se mecionan otros "desórdenes" como la depresión (unipolar), el de personalidad limítrofe (o trastorno límite de la personalidad), el alcoholismo y la anorexia.

La autora da múltiples referencias consultadas para escribir el artículo, entre ellas las siguientes:

www.suicidepreventionlifeline.org (en Castellaño)

Ver sus Señales de Suicidio

lunes, enero 04, 2010

Retomando el "incómodo" tema

En la última edición de la revista Scientific American Mind (Jan-Feb 2010) viene un artículo sobre la psicología del suicidio. El mismo fue escrito por Karen Springen. En la introducción se afirma que no basta con "querer morir" para suicidarse, sino que se necesita del valor para hacerlo (guts - "huevos" diríamos en mi país) y de los medios para realizar lo planificado...

No he leído el artículo, pero estoy seguro que me ayudará a entender a mi primo que se quitó la vida hace un año. A propósito del tema, me topé con esta obra en un importante museo de la ciudad donde vivo:



Autor: Conrad Felixmüller (Alemán, 1897-1977)
Título: "La Muerte del Poeta Walter Rheiner"
Fecha: Agosto 1925
Técnica: Óleo sobre lienzo

El autor la pintó al enterarse del suicidio de su amigo poeta, lo cual ocurrió en el contexto de la Alemania post-guerra (I Guerra Mundial).

Otro artículo de interés, en la revista al inicio mencionada, se titula "Raíces evolutivas de la depresión" y fue escrito por P.W. Andrews y J.A. Thomson. La introducción dice que posiblemente la depresión no es un "defecto" (malfunction) del cerebro, sino una adaptación mental que facilita la concentración para resolver de mejor manera problemas complejos.

Leeré ahora mismos estos artículos y luego se los comento. Me encanta esta revista pero no he tenido tiempo de leerla en las últimas dos ediciones... Mea culpa!

lunes, diciembre 28, 2009

Cifras sobre suicidios (en Guatemala)

En un POST anterior hice referencias a las "alarmantes" cifras se suicidios en los años 2006 y 2007, según datos reportados por el diario elPeriódico de Guatemala:

"Dos suicidios diarios durante 2007," Luis Ángel Sas (29 ene 2008).

En dicho matutino se afirmó que en 2006 se "terminó con 564 casos similares de suicidio. Peor aún, en 2007 se registraron 734 casos, es decir un 30 por ciento más que en 2006, lo que da un promedio de dos suicidios por día, según datos de la Policía Nacional Civil [PNC]."

Sin embargo, he solicitado recientemente al Instituto Nacional de Estadística (INE) sus datos desagregados por sexo, edad, departamento (zona geográfica), intención y causa de muertes violentas, para los mismos años, y me aparecen cifras mucho más bajas y cercanas a lo que venía pasando.

Según el informe del INE titulado "Muertes violentas por grupos quinquenales de edad y sexo, según intención de la muerte y causa, año 2007" (y 2006) las cifras totales de suicidios fueron las siguientes:

2006 = 300
2007 = 343

Por lo tanto, las tasas por cada 100 mil habitantes serían:

2006 = 2.3
2007 = 2.6

Es decir que, con relación al año 2005, la tasa en 2006 aumentó en 20 por ciento. La variación entre 2006 y 2007 fue de 12 por ciento. ¡No como se afirmó en el POST anterior! Sí hubo un aumento en la tasa de suicidios, pero no tan dramático como las cifras de la PNC parecían indicarlo. ¿Será que el INE tiene un sub-registro tan alto respecto a las de la PNC?

Esto no debería hacernos bajar la guardia, pero sí nos pone otro problema: ¿Cuáles son las cifras confiables sobre el suicidio en Guatemala? Sin un buen diagnóstico, es más complicado resolver el problema.

domingo, noviembre 15, 2009

Más direcciones y sitios de Internet útiles

American Association of Suicidology
4201 Connecticut Avenue Northwest
Suite 408
Washington, DC 20008
www.suicidology.org

American Psychiatric Association
1400 K Street Northwest
Suite 501
Washington, DC 20005
www.psych.org

Canadian Mental Health Association
2160 Yonge Street, 3rd Floor
Toronto, ON M4S 2Z3
CANADA
www.cmha.ca

National Depressive and Manic-Depressive
Association (National DMDA)
730 North Franklin Street
Suite 501
Chicago, IL 60610
1-800-82-NDMDA (1-800-826-3632)
www.ndmda.org

National Mental Health Association
1021 Prince Street
Alexandria, VA 22314-2971
1-800-969-NMHA (1-800-969-6642)
www.nmha.org

Depression.com
www.depression.com
Information on many aspects of depression

Suicide Awareness\Voices of Education
(SA\VE)
www.save.org
Information on suicide and links to sites with
further information

Tomado de Peacock, Judith (2000), Bipolar Disorder, p. 62.

martes, octubre 20, 2009

Rompiendo tabú sobre el suicidio

La semana pasada me encontré con este artículo: "Breaking the taboo of suicide" escrito por Quetzallí Castro (editora de la sección Pulse, The Chicago Flame).

En el mismo se cuenta la historia de Bryce Mackie, estudiante del Columbia College en Chicago, quien hizo hace cuatro años un film titulado "Eternal High." Bryce padece trastorno bipolar y se ha tenido que enfrentar a sus propios pensamientos suicidas. Hoy tiene 21 años de edad y su video ha servido para romper el tabú sobre el tema y también ayuda a disminuir el estigma social existente sobre las enfermedades mentales.

Se pueden ver 3 minutos del documental AQUÍ

Este es un tema que se debería discutir abiertamente para educar a los jóvenes adolescentes, sobre todo porque en los EE.UU. se estima que los suicidios son la tercera causa de muerte entre los 10 y 14 años de edad (Medical Journal of Pediatrics).

jueves, octubre 08, 2009

La OMS prevé millón y medio de suicidios para 2020 (sobre suicidio, 2ª parte)

por José Carlos García Fajardo

No se trata de una plaga ni es irremediable. Es posible controlarla mediante la educación y la atención médica. El suicidio y la depresión tienen que dejar de ser tabúes, como lo han sido las enfermedades venéreas, homosexualidad, preservativos, masturbación, parejas de hecho, relaciones prematrimoniales, nuevos tipos de familia, derecho a una muerte digna e interrupción de un embarazo no deseado o peligroso. La OMS recomienda “fomentar un tratamiento responsable del tema en los medios de comunicación y formar a los profesionales de la atención primaria”.

Todavía algunos sostienen que escribir sobre el tema puede inducir a imitarlo. Pues que no escriban sobre muertes en carretera, alcoholismo, asesinatos, violaciones, maltrato, prostitución y que supriman de la TV las películas y relatos violentos.

La OMS estudia la prevención del suicidio en culturas diferentes, ya que los factores culturales, religiosos, históricos, filosóficos y tradicionales influyen en la decisión. Sólo un escaso número de suicidios se producen sin aviso por lo que deben tomarse en serio las amenazas de autolesión. La mayoría de quienes intentan suicidarse, más que la muerte, buscan llamar la atención, en un grito desesperado.

Como signos, la OMS apunta: quiebras afectivas y/o económicos, incomunicación o indiferencia familiar; adicciones al juego compulsivo de apuestas, al alcohol, a las drogas; marginación social y aislamiento elegido o forzado; enfermedades terminales y amenazas masivas a la dignidad personal: abuso sexual, maltrato físico, verbal o psicológico, privación de la libertad. Imposibilidad de reponer el objeto perdido: muerte de un familiar, jubilación, desastre económico. Percepción de la declinación general del organismo, rechazo a la vejez.

El acto suicida tiene "lógica" para el individuo y se convierte en la "única salida", para dejar de sufrir, en el refugio final. Cuando la idea de culpa es agobiante, la expiación necesaria se traduce en suicidio.

¿Tiene nuestra manera de vivir algo que ver con el aumento de enfermos depresivos? pregunta el doctor C. Sisto, en su artículo, El suicidio ¿O es una enfermedad que ahora se detecta más que antes? Todo psiquiatra de largos años de práctica, observa que los deprimidos son más que antes; y es sensato asumir que las condiciones actuales de la "tarea" de vivir hacen necesarias una exigencia, competitividad, aceleración de los tiempos, que antes era desconocida. Nos falta tiempo para todo: para ganar el sustento, para la relación con la familia, para el descanso.

El sujeto se adapta pero algunos lo hacen pagando el lento precio de un stress acumulativo, que, puede hacer crisis dando lugar a reacciones de agotamiento, o de protesta interior, o de un naufragio en la adaptación del yo. Quizás la más frecuente forma de ese agotamiento, de esa desadaptación, es la depresión, esa sombría vivencia de la experiencia vital. Como dice Kalina, "el tiempo en la sociedad actual está contaminado". Contaminado de urgencia, de complicaciones, de fricciones. El vivir, antes tranquilo, es ahora conflictivo, inseguro; algunos sujetos resisten y hasta transforman esa circunstancia en fortaleza, otros claudican. Y entonces, la depresión es la salida.

Si a este cuadro se agrega la frecuente exhortación a "la voluntad", a que se "debe tener energía y buen ánimo” se agrega un nuevo conflicto a ese individuo, que, justamente, no tiene fuerza de voluntad. Hay que romper la creencia de que la depresión es una mera cuestión de actitud pues confunde al enfermo que intenta librar una batalla solo.

Pero, desde los años 50, se ha contado con un arsenal farmacológico efectivo y nuevos fármacos señalan nuevos progresos.

Cada vez hay más factores estresantes y menos atención médica. Eso aumenta los casos de suicidio “Hace falta educación y romper el prejuicio contra la psiquiatría”, dice el doctor J. Molina.

“De haber recibido atención psiquiátrica a tiempo, quizá muchas de esas vidas se hubieran salvado y llevarían vidas normales y tranquilas. Pero no la tuvieron porque ni supieron que estaban enfermos”. La depresión es una enfermedad más y tiene tratamiento. El problema es hallar la ayuda, porque hay muy poca educación al respecto.

Mucha gente piensa que ir al siquiatra es para los locos. Además, hay un estigma para las personas con depresión. No saben que la depresión es una de las enfermedades más comunes del mundo. Es la cuarta enfermedad incapacitadora en el mundo. La depresión afecta a casi todas las funciones principales del sistema nervioso. Con ella se va perdiendo la esperanza y eso los deja incapacitados incluso para tratarse.

Arrojar la cara importa que el espejo no hay porqué. Hablamos de hechos contrastados y avalados por la OMS, no de meras opiniones.

jueves, octubre 01, 2009

Un millón de personas se quitan la vida cada año, 1a parte

por José Carlos García Fajardo

Cada día hay en promedio casi tres mil personas que ponen fin a su vida, y veinte intentan suicidarse por cada una que lo consigue. Cada hora, ciento veinticinco personas ponen fin a su vida, más de dos personas por minuto. Datos de la Organización Mundial de la Salud, (OMS).

Hablamos de suicidios verificados, no de los camuflados en “accidentes”, previa ingestión de drogas, de alcohol o de broncas emocionales insoportables que conducen a pisar el acelerador sin freno.

Está entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de entre 15 y 44 años, pero el sector que presenta mayor riesgo es el de los adolescentes. Entre poblaciones rurales, son las personas de edad que ya no se sienten útiles, ni necesitadas, ni queridas.

También existen “suicidios” enmascarados en el abandono de tratamientos médicos, para “hacer pagar culpas a la familia”.

Asimismo, muchos ancianos que viven solos en las ciudades grandes, en donde todo egoísmo tiene su asiento, y que “aparecen” muertos, no se han pegado un tiro, ni se han tirado por la ventana ni ingerido venenos, sencillamente, se han dejado morir poco a poco, abandonándose en la comida y en la higiene, debilitándose, perdiendo fuerzas, y hasta intuyendo un descanso y una liberación, no en la muerte, que siempre impresiona, sino en dejar de llevar un vivir sin sentido; para ellos, ergo, para el universo entero.

¿Sabe alguien cuántos soldados se han dejado morir por no poder soportar la tensión inhumana de una confrontación absurda? ¿Hay suicidio más eficaz que dejarse matar por el “enemigo”, y encima sin “deshonor” ante la familia pues te los rinden militares? ¿Acaso en la guerra de Vietnam, la droga no se distribuía desde la propia intendencia?

Para el año 2020, la OMS prevé que el número de muertes por suicidio en el mundo superará el millón y medio. Por ello, es tan importante tratarla como corresponde. Con una aproximación psicológicamente cálida, acogedora, tranquilizadora. Y con el arsenal terapéutico, realmente efectivo, que tenemos a nuestra disposición. Y con tiempo, paciencia, con ese sumergirse en el drama del enfermo.

Recordemos que "asistir" (assistere) es, "estar al lado del otro".

Los profesionales que trabajan en la prevención de los suicidios, insisten en que se trata de muertes evitables que, en algunos países, alcanzan a 10,4 por cada cien mil habitantes y, entre los adolescentes, el riesgo es del 30% por la misma proporción.

Ya sabemos que el suicidio se ha convertido en un tabú tan fuerte como el incesto o, hasta hace poco, las denominadas “desviaciones” sexuales, como la homosexualidad. Como fue tabú durante siglos tratar de la pedofilia, pederastia o, como ahora prefiere denominar el Vaticano para las experiencias de sus clérigos, “efebofilia”, es decir, atracción por jóvenes de 11 a 17 años.

Hasta en el Libro de estilo de muchos medios de comunicación se reglamenta la publicación de estas noticias, “porque pueden provocar estímulo de imitación”.

La OMS pide mejorar la educación en el tema, reducir la estigmatización y aumentar la conciencia de que el suicidio es prevenible. Todavía, en muchas legislaciones, el intento de suicidio se castiga como delito. Y a un enfermo no se le lleva al paredón, se le cura y después se le fusila. La Iglesia católica y otras religiones, castigaban al suicida con la prohibición de ser enterrado en “tierra sagrada”. Con el progreso en la conciencia de una mayor libertad y responsabilidad, se han avenido con el subterfugio de que “no sabían lo que hacían”, “locura transitoria”, “fuera de sí, “enajenados”.

No hay más que ver las dificultades que tiene un enfermo terminal para tener una muerte digna, mediante suicidio asistido, o mediante eutanasia positiva, por compasión y por justicia. ¿Tanto cuesta reconocer el derecho a disponer de la propia vida? ¿Alguien nos ha pedido permiso para nacer?

¿Pueden imponerse manu militari ideologías que parten de peticiones de principio, de falsas premisas y de un fanatismo que condena a vivir, como durante siglos bendijeron las condenas a morir?

Partiendo del reconocimiento de este derecho inalienable, es necesario prevenir las decisiones fatales que podrían evitarse mediante atención médica y psicológica, comprensión y tratamiento, información adecuada y medios eficaces al alcance de enfermos depresivos, alcoholismo, drogadicción y esquizofrenia. Adolescentes que no asumen su realidad sexual, o de ancianos sin medios para vivir con dignidad porque la sociedad se lo debe siempre ya que las cosas no son de su dueño sino del que las necesita. Y aunque la vida no tuviera sentido tiene que tener sentido vivir, pero con dignidad y sin padecimientos insoportables. No vamos de la vida hacia la muerte, sino hacia la felicidad de saberse uno mismo, libre y responsable.

domingo, junio 21, 2009

Depresión y Suicidios en Guatemala

Hoy salió una interesante entrevista en elPeriódico de Guatemala.

Guatemala, un país para deprimirse

“En Guatemala cada vez hay más factores estresantes y menos atención médica. Eso aumenta los casos de suicidio”, explica el doctor Julio Molina. Dos psiquiatras para cada cien mil personas, escasa cobertura pública, medicamentos caros y un clima de violencia e inseguridad, son algunos de los elementos que hacen de Guatemala un país para deprimirse. Leer más AQUÍ.

martes, abril 14, 2009

Siguen los Suicidios en Guatemala

El reciente suicidio de un familiar muy querido me hace estar pendiente de estas noticias. La semana pasada escuché de dos casos. El más dramático fue el de la mujer que se lanzó del puente junto con su hija. Hoy las noticias nos presentan otro caso, y las autoridades dicen que en lo que va del año han habido otros 15 suicidios (Emisoras Unidas). La noticia en La Hora AQUÍ.

Con los datos de muertes violentas del INE se puede verificar que del 2005 al 2006 hubo un aumento del 20 por ciento en la tasa de suicidios por cien mil habitantes (de 1.9 a 2.3, respectivamente). En número absolutos, se reportaron 243 suicidios en 2005 y 300 en 2006. Lamentablemente todavía no hay datos del 2007 y 2008 por parte del INE. La cifra del 2006 no coincide con lo reportado por la Policía Nacional Civil, que es casi el doble.

Suicidios en Guatemala, Año 2006


FUENTE: Instituto Nacional de Estadística, Muertes violentas por edad y sexo, según motivación de la muerte y causa, año 2006.

En este BLOG hay otros dos POSTs relacionados:

Suicidios en Guatemala: Cifras y Comparaciones

Suicidios en Guatemala

jueves, enero 08, 2009

Compromiso con la educación sobre el TBP

Esta semana se quitó la vida un familiar muy cercano, quien fue diagnosticado hace varios años con trastorno bipolar. Esta tragedia nos ha llenado de dolor a todos los que tuvimos la dicha de conocerlo. Era una persona muy alegre y generosa. Lamentablemente la enfermedad le condujo a una vida con más dificultades de lo normal.

La última vez que nos vimos, platicamos mucho sobre el trastorno bipolar. Me contó muchas intimidades sobre cómo le afectaba la enfermedad. Dijo que desde hacia algún tiempo había dejado los medicamentos y se “automedicaba” con alcohol. También me confesó que frecuentemente pensaba en quitarse la vida. Lo hizo realidad seis meses después.

Estos días posteriores a su muerte los he pasado meditando. He experimentado diversos sentimientos. Claro, tristeza por la familia, pues este duelo es complicado, especialmente cuando se entiende tan poco sobre la enfermedad, sus causas y consecuencias. Pero también he sentido un poco de rabia y frustración, pues este desenlace se veía venir desde hace varios años. Yo lo traté de advertir a su familia cercana y a la extensa, pero obtuve muy poca atención de su parte.

Lo de las enfermedades mentales sigue siendo un gran tabú en mi sociedad. Las familias no aceptan que dentro de “su sangre”, es decir, en su información genética hay una probabilidad mayor que en el resto de la población de desarrollar este tipo de trastornos. Seguramente, no conviene que “todo el mundo” lo sepa, porque puede tener consecuencias negativas en el mundo laboral debido a la estigmatización y los prejuicios. Pero, al menos, las familias deben ser capaces de reflexionar internamente, pues se debe identificar con anticipación los síntomas en otros de sus miembros.

En mi familia, hace veinte años, ya habíamos sufrido esta misma tragedia con otro ser querido de la generación previa. Pero, lamentablemente, se aprendió muy poco de esa triste experiencia. Ahora, personalmente, me he comprometido a que esta nueva tragedia no quede en el olvido. Debe servir de lección para todos, los más viejos y los jóvenes.

La educación sobre el trastorno bipolar debe ser una prioridad para las familias dentro de las cuales se padece la enfermedad. No sólo para poder comprender a quienes sufren directamente dicha condición, y proveerles del amor y paciencia que necesitan, sino también para estar atentos a los síntomas que puedan presentar personas de las futuras generaciones, nuestros hijos y nietos. Para con ellos, aunque sólo sean una hipótesis, tenemos una gran responsabilidad. Es nuestra decisión si ignoramos o atendemos esta drástica llamada de atención.